#microcuento
miércoles, 22 de octubre de 2014
Ella seguía existiendo. Solo necesitaba sacar tiempo para sus lectores. Tenía ideas, muchas, demasiadas. Pero, ¿quedaban aún lectores?
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Cosas del blog
martes, 9 de septiembre de 2014
Capitulo 6
¡Hoy os traigo el capítulo 6!
Hoy la entrada va a ser corta porque la prisa que tengo no os la podéis imaginar, os prometo pues, una entrada pronto dirigida totalmente a vosotros. Espero que hayáis aprovechado este maravilloso verano. ¡Disfrutad del capitulo! Contestaré pronto los comentarios, los he leído todos, eso sí.

***
Desorientado el chico abre los
ojos. Se encuentra en una camilla, en una especie de sala de cirugía. Las
paredes son de un tenue color blanco que da luminosidad a la habitación. Parece
más grande de lo que realmente es. Hay aparatos que rodean la sala, armarios
con inyecciones y un montón, de lo que parecen, medicamentos. Mira su brazo, en
el cuál hay una sonda puesta, retira el tubo lentamente notando un pinchazo que
recorre el músculo hasta llegar a su hombro. Por mucho que se haya acostumbrado
al dolor, la molestia sigue haciendo acto de presencia. Al incorporarse la
cabeza le da vueltas, siente un ligero dolor en la sien y todo se vuelve un
poco negro, hasta cegarle la vista. Permanece parado unos segundos y
lentamente, va desapareciendo, hasta estar completamente recuperado. Ligeras imágenes
le vienen, como flechazos instantáneos, recuerdos recientes de lo que había
ocurrido. Y su pregunta, de por qué aún está vivo, es contestada
inmediatamente.
Nada más subir al aerodeslizador
se encontraba demasiado débil para escapar, en seguida, unos hombres vestidos
de blanco vinieron a colocarle una mascarilla. Respiraba con dificultad. Quizás
por la presión, quizás simplemente se estaba muriendo, no lo pensó demasiado.
Antes de quedarse completamente adormecido, intento desprenderse de los brazos
que le agarraban, solo una imagen borrosa le hizo parar. Aquella cara le
sonaba, la voz de Haymicht se oía lejana,
<<tranquilo chico, lo hemos conseguido>>. Lo siguiente que
recuerda era caer en un profundo sueño y despertar en aquella sala.
Se pone de pie y decide salir,
tiene muchas preguntas pero ninguna respuesta, Haymicht debe encontrarse en
aquel lugar, y tenía que encontrarlo. Estando solo en aquella sala no iba a
lograr nada, lo mejor era buscar a alguien que le pusiese al corriente de todo
lo que estaba ocurriendo.
Sin más, un hilo de esperanza se
vio venir, ¿y si Amy estaba bien? ¿y si a ella también la habían rescatado?
¿fue por eso que desapareció Gale? Tenía que encontrar a alguien, necesitaba
saber que estaba ocurriendo, por primera vez en mucho tiempo, sintió que todo
podía salir bien, que quizás las cosas comenzaban a funcionar, había tomado el
rumbo correcto.
Todas esas preguntas rondan en su
cabeza, hace tiempo dejó de sentir ese leve dolor que aparece cuando piensas
demasiado. Debía tener la mente despejada y el dolor era una distracción, así
que se acostumbró a él para así poder eliminarlo. Aún así, tantas cuestiones hacían
que el leve dolor de cabeza apareciese de nuevo, intensamente. Además de tener
los ojos cansados y notarse algo débil tras haberse quitado la vía, por lo
demás, estaba mucho más recuperado de lo que había estado en todos estos días
en ese infierno llamado Arena.
Pasillos largos y continuos, puertas a los
lados. Silencio. La tranquilidad le atormentaba, le ponía nervioso, ni un ruido
del bosque, ningún pájaro, ninguna gota de lluvia, ningún tributo. Tan solo
silencio. Relajante a la vez que molesto. Era un pasillo extraño, cuanto menos.
Debería haber puertas, pero no encontraba ninguna. Uno, dos y tres pasos,
continuaba su camino. En ocasiones, se paraba y miraba hacia atrás, por si
encontraba un guardia, un médico o cualquier persona que pudiese decirle donde
encontrar a quien andaba buscando. Singular, la situación. Sabía que estaba a
salvo y aún así notaba como se le erizaban los pelos de la nuca, sentía como
cada uno de sus músculos estaban tensos, un estado de alarma, por si algo
ocurría. Sabía que estaba a salvo, sí, pero no se lo creía. Sus esquemas
estaban completamente rotos y él, confundido.
Los días en la Arena le habían
cambiado, no podía negarlo. Respiró hondo y pausado. Esperó unos segundos y
continúo el extenso pasillo gris. Observó una puerta a su derecha, entró sin
pensárselo dos veces. En la sala una alfombra roja de terciopelo cubría el
amplio suelo, en el centro una mesa redonda, y sillas alrededor de esta. Todas
y cada una de ellas eran elegantes, de una madera cara, barnizadas, y tratadas
con delicadeza. Hacía mucho que no veía ese tipo de lujos. En cada silla un
cojín rojo de un terciopelo similar al que había encontrado en la alfombra, bordeado
con lo que parecía hilo de oro y en las esquinas de este, colgaba de forma
elegante, unas pequeñas tiras doradas que finalizaban con unos flecos. Tocó una
de las sillas con suavidad, un movimiento que hacía la mano al pasar de largo
cerca de la misma, paseó por la alfombra dando una vuelta a la mesa de madera
oscura. De repente se olvidó de todo, asombrado por tanto lujo. No era nada
nuevo, el ya había visto todos y cada uno de estos lujos anteriormente, pero
parecía que había sido hace años y años, aunque no hubiese pasado tanto tiempo.
La lámpara que colgaba del techo estaba hecha de diferentes cristales,
recordaba esos cristales de cuando estuvo en una joyería en el Capitolio, una
de las mejores que podías encontrar en todo Panem. El joyero le habló de todas
y cada una de las piezas que se encontraban en la tienda, todo tipo de
cristales y piedras preciosas que venían de distintos distritos y que él mismo
tallaba para hacer joyas únicas y preciosas. Él era pequeño, quería un regalo
para su madre. Pudo ver mil piezas distintas aquel día, pero solo una logró
llamar la atención del pequeño, haciendo que se parase y quisiese comprarla de
inmediato. Eligió un collar con una piedra muy singular, era del color de los
ojos de su padre, con una sencilla forma de lagrima, que, al trasluz cambiaba
su tono a uno un poco más claro, los bordes se volvían blancos y te recordaban
a la espuma del mar, cuando rompe la ola en la orilla. Desde entonces Annie
siempre lo había llevado puesto.
Un poco más alejado de la mesa
había estanterías, pasó la mano por los libros viejos y usados, de estrategia
en guerras, de historia, había más libros allí de los que había leído en su
corta vida. Un emblema se hallaba en uno de ellos, era un tridente en un escudo
de olas, lo encontró irónico a la vez que apropiado, y una sonrisa se le fue
con él. Continuó recorriendo la sala, subió tres escalones que había un poco
más adelante y encontró otra mesa, llena de mapas con puntos de diferentes
colores, papeles que no se iba a parar a leer y apuntes llenos de garabatos y
tachones, multitud de nombres y cifras adornaban las hojas. Había espejos,
rodeando la sala. Se vio en uno de ellos, había cambiado notablemente. Su cara
había madurado, los rasgos más marcados que antes, su pelo más largo y
despeinado. Tenía algo de barba, pero recortada, no le había dado tiempo a
crecer lo suficiente. Sus pómulos eran de adulto, y no de niño. Sus ojos
seguían del mismo color de siempre. Siguió observándose. Veía alguna cicatriz
en sus brazos, que le recordaban de donde venía, y paró. No quiso ver más.
Echó un último vistazo a la sala
y se dirigió a la puerta. Tenía que seguir buscando a Haymitch.
Decide avanzar el paso un poco
más. Mira el suelo, se le hace raro no pisar en la fina arena de la playa, en
los bosques o en las rocas de la cueva. El pasillo gira hacia la izquierda en
una suave curva, al girar encuentra lo que estaba buscando. Una enorme puerta de metal adornada con dibujos
plateados y dorados de los diferentes distritos y con el número de todos y cada
uno de ellos. Esa debía ser la mayor sala del aerodeslizador, la más importante
y por tanto, allí encontraría a quien estaba buscando.
Se aproximó a la puerta y estas,
se abrieron de golpe. Se le había olvidado los sensores que llevaban, se rio para
sí mismo al pensar en que las puertas se cerrarían solas y no tendía que esconder
la entrada a esa sala con unas enormes ramas llenas de hojas.
No sabía muy bien que debía sentir en ese
momento, algo le inquietaba, estaba nervioso. Es como cuando te acercas más y
más a tu objetivo, cuando estás a un paso solo te entra miedo. Miedo porque
puedes perderlo todo, es cuando más cerca estás de tu logro y te aterra la idea
de que todo lo que has recorrido hasta el momento se desvanezca.
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Capitulo 6,
Parte 2
jueves, 14 de agosto de 2014
Adelanto (borrador) cap6
Entrada programada y con prisas. PAra que podáis leer algo durante este mes. Es un borrados, un pequeño adelanto muy revelador del capitulo 6 y de toda la historia. ¡Espero que os guste y no tenga muchos fallos! Nos vemos pronto.
---
Desorientado el chico abre los
ojos. Se encuentra en una camilla, en una especie de sala de cirugía. Las
paredes son de un tenue color blanco que da luminosidad a la habitación. Hay
aparatos que rodean la sala, armarios con inyecciones y un montón de lo que
parecen, medicamentos. Mira su brazo, en el cuál hay una sonda puesta, retira
el tubo lentamente notando un pinchazo que recorre el musculo hasta llegar a su
hombro. Por mucho que se haya acostumbrado al dolor, la molestia sigue haciendo
acto de presencia. Al incorporarse la cabeza le da vueltas, siente un ligero
dolor en la sien y todo se vuelve un poco negro, hasta cegarle la vista.
Permanece parado unos segundos y lentamente, va desapareciendo, hasta estar
completamente recuperado. Ligeras imágenes le vienen, como flechazos
intentaneos, recuerdos recientes de lo que había ocurrido. Y su pregunta, de
porqué aún está vivo, es contestada inmediatamente.
Nada más subir al aerodeslizador
se encontraba demasiado débil para escapar, en seguida, unos hombres vestidos
de blanco vinieron a colocarle una mascarilla. Respiraba con dificultad. Quizás
por la presión, quizás simplemente se estaba muriendo, no lo pensó demasiado.
Antes de quedarse completamente adormecido, intento desprenderse de los brazos
que le agarraban, solo una imagen borrosa le hizo parar. Aquella cara le
sonaba, la voz de Haymicht se oía lejana, <<tranquilo chico, lo hemos conseguido>>.
Lo siguiente que recuerda era caer en un profundo sueño y despertar en
aquella sala.
Se pone de pie y decide salir,
tiene muchas preguntas pero ninguna respuesta, Haymicht debe encontrarse en
aquel lugar, y tenía que encontrarlo.
Sin más, un hilo de esperanza se
vio venir, ¿y si Amy estaba bien? ¿y si a ella también la habían rescatado?
¿fue por eso que desapareció Gale? Tenía que encontrar a alguien, necesitaba
saber que estaba ocurriendo, por primera vez en mucho tiempo, sintió que todo
podía salir bien, que quizás las cosas comenzaban a funcionar, había tomado el
rumbo correcto.
martes, 29 de julio de 2014
Capitulo 5
¡Hoy os traigo el capítulo 5!
Se lo que estáis pensando, ¡al fin! o seguro que es una roma. pero no, esto es real, recordad que escribir no es fácil y que el tiempo es algo que escasea en esta vida. Pero sí, estoy viva y sí, os lo traigo recién sacado del horno.
Bueno, dado que hoy he abierto gmail y he visto todos vuestros correos además
de comentarios, he decidido que era hora de escribir algo. Quiero que
tengáis en cuenta que no dispongo de mi portátil y por tanto, no tengo ni mis
borradores, ni mis notas, ni absolutamente nada. Es totalmente improvisado
habiéndome leído el capítulo anterior, seguramente tenga algún fallo de
escritura y sea más corto pero mejor algo que nada, ¿o no es así?
Espero que
esteis disfrutando de este maravilloso verano y tengáis muchas historias que
contarles a vuestros amigos a la vuelta. Queda solo un mes y hay que
aprovecharlo al máximo, espero pasarme por aquí antes de lo previsto, aunque si
es como hoy de improvisado, quizás pueda hacerlo un par de veces. Eso sí, si no
os importa que los capítulos sean más cortos y menos elaborados.
Os mando
un saludo enorme y no me enrollo más, solo deciros que no sé cuando volveré
pero que este blog se mantiene en pie si o si. Paciencia os pido…
Disfrutar
muchísimo de este verano, de cada uno de los días y de cada una de las personas
que lo forman. Espero que os guste y siento la espera.

El chico aún estaba mirando lo que había sido su refugio
durante los últimos días. Se suponía que allí debía estar Gale, el dulce niño
con el que horas antes había estado. El hermano de Amy. Lo único importante que
le quedaba en la Arena. Pero allí no había nadie, paredes frías y rocosas, un
ambiente húmedo y desagradable en el que nunca se había fijado, no era un sitio
agradable.
El silencio en la cueva era ensordecedor. Se sentía confuso,
por la mezcla de sentimientos que taladraban su cabeza, sin cesar, dejando que
su respiración fuese cada vez más difícil y menos llevadera. Sentía amor, amor
por Amy, y eso le hacía sentir dolor, porque ya no estaba con ella. La
preocupación por Gale le dejaba un sabor amargo en la boca. El odio hacia el Capitolio
lo ahogaba lentamente. Y ante todo, se sentía vulnerable. Vulnerable, pequeño,
insignificante, habían jugado con él todo este tiempo, sin tener en cuenta nada
de lo que pensaba, arrebatándole todo una y otra vez. No confiaba, porque
confiar significa dar una parte de ti, entregar parte de tus emociones, y eso
es peligroso, porque puede ser utilizado en tu contra.
Consecuencias, repetía, consecuencias de una sociedad
enferma. Nada de esto debería haber pasado, pero ha sucedido. Consecuencias, de
un pasado que se repite, de guerras que no finalizan, de muertes innecesarias.
Eternamente, discusiones sin sentido. Luchas entre dos bandos. Los fines son
siempre los mismos, antiguamente era la necesidad de una única religión, se
mataban entre ellos por pensar distinto, por creer distinto. También estaban las
guerras de poder, como la de ahora. Ninguna guerra es noble, ni justa, ni
justificada. No son guerras por honor, no son guerras por defender un
pensamiento o un territorio. Son simplemente guerras, y las guerras roban, roban
creencias, roban terrenos, roban libertad. Roban, en definitiva, vidas. Y nada,
ningún acto que le robe la vida a otra persona puede ser adornado, por mucho
que invoquen nobles motivos, como luchar en nombre de la paz, será todo una
gran mentira. Porque una guerra no deja de ser una guerra, y una guerra implica
muertes, y cualquier muerte inocente es, por consiguiente, injusta. Da igual lo
que el tiempo avance, un pueblo que no aprende de su historia no evoluciona, y
parecía mentira, que tras tantos años, todavía se repitiese todo. Lo único que
había cambiado era que el hombre se organizaba mejor, tenía mejores armas,
podía matar más en definitiva. Y tanto para nada, porque al fin y al cabo,
siempre se perdía más de lo que se aganaba. Pero por mucha gente que se parase
a pensarlo, por muchos que dijesen que era suficiente, no valía. Porque el
hombre es cabezota por definición, egoísta, avaricioso. Porque no se respeta,
ni respeta. Hay personas que despiertan en ti una bondad incondicional, un amor
único que te hace ser mejor persona, ojalá todo el mundo fuese así. En vez de
vivir en un enorme manicomio, un mundo en el que la gente se mata la una a la
otra, podrían vivir en una sociedad. Sociedad como el uso que debería dársele a
la palabra, y no el actual. Pero esos pensamientos han sido inútiles toda la
vida, porque siempre hay gente que quiere más, y que no piensa en las
consecuencias. Por eso, estos chicos, eran consecuencias. Consecuencias de la
vida, de la historia, del egoísmo, del poder. Consecuencias de su propia
guerra. Y no podían elegir, el estar o no ahí. Sólo podían luchar, aunque
parecía que ni siquiera luchar servía, nada sirve cuando eres una mera
marioneta.
Amy solo estaba en el lugar equivocado, en el momento idóneo para
que la sucediera aquello. Podría haber sido él, pero no. Y no dejaba de
pensarlo, una y otra, y otra vez. El amor es un grito en el vacío y el olvido
es inevitable. En verdad, Finnick jamás podría olvidarla, era su razón de ser,
su razón de vivir, su esperanza. Y recordó, una frase que leyó una vez, tiempo
atrás. Esta es tu vida y acaba cada minuto.
Miro al frente, se dirigió a donde solían guardar sus
pertenencias, provisiones, cualquier cosa con un valor o utilidad. Así que
guardó todo, y salió de la cueva decidido a hacer algo, a cambiar las cosas. No
miró atrás, ya había observado suficiente ese lugar, ya había reflexionado lo
necesario, era la hora de ponerse en marcha y de hacer algo. Somos la
repercusión de nuestras acciones, y él sabía de sobra quién era. Debía
encontrar a Gale, porque sabía que no estaba muerto, y si seguía vivo, era
imposible que no estuviese en la Arena.
En un principio, no se paró a colocar los arbustos, pero
luego dio un paso atrás, porque si encontraba a Gale, necesitaría un sitio
donde cuidar del pequeño. Colocó las ramas como en repetidas ocasiones había
hecho él o Amy, recibiendo una punzada por esos recuerdos. Sin más, un
estruendo le hizo girar. Miró al cielo que se teñía de diferentes colores. Una
explosión ensordecedora hizo que se tapase los oídos con todas sus fuerzas,
apretando fuertemente las manos contra los mismos. Un ruido que se metió en su
cabeza dejándole desorientado. Se agachó e intentó mirar al cielo de nuevo, pero
su visión era algo borrosa. Destacó una enorme nube gris que se había formado
en lo alto de lo que debía ser la cúpula, seguida de pequeñas explosiones que
desprendían un fuego cegador, a la vez que un sonido cada vez más intenso. Se
levantó trasteando, cayéndose la primera vez, y consiguió llegar a una zona
algo más frondosa. Las chispas del fuego caían por toda la Arena, cada vez más
pequeñas, desintegrándose, aunque en ocasiones no lo hacían y podías ver el
humo que salía de alguna zona que había prendido fuego. Pensó que podría ser un
ataque del Capitolio para reunir a los tributos restantes en una lucha a
muerte, pero no tenía mucho sentido, ya que atacaba desde el cielo en vez de
los laterales.
Lo siguiente ocurrió realmente deprisa, Finnick se puso en
marcha para intentar alcanzar un punto alto desde el que poder observar lo que
estaba ocurriendo. Su principal preocupación era encontrar a Gale, pero primero
debía saber que estaba pasando en la Arena y como poder evitar aquello.
Continuas explosiones ocurrían en lo alto, cada vez con mayor intensidad,
provocando fisuras que se observaban momentáneamente en la capa de energía que
producía la cúpula. Este suceso le distraía, no encontraba el sentido de dañar
lo único que les separaba del exterior. Posiblemente querrían llamar su
atención y enfocar sus sentidos a aquello mientras organizaban otro ataque,
quizás con animales mutados con anterioridad, que acabasen con los tributos más
distraídos. Por ello, él no quería darle demasiada importancia y enfocó todas
sus energías a buscar un buen punto ajeno a todo, desde el que pudiese
controlar la situación.
Estaba llegando a lo alto de una colina, agotado ya por el
camino que había seguido, cuando se fijo en que las explosiones habían parado
de repente. Sin más, se acabaron los golpes, los ruidos, los estallidos, aquel
estruendo desapareció, al igual que lo hizo la capa de polvo, la nube gris o
los fuegos que se habían dado. Finnick se paró y observó el cielo, donde hace
unos segundos había un baile de fuegos de distintos colores. La tranquilidad
asomaba entre lo que quedaba de humo, y de un momento a otro, ya no había nada.
Tan solo un esclarecedor azul.
Respiró hondo, calmado, pausado, y se sentó, sin pensar en si
alguien podía atacarle o no por la espalda, necesitaba un descanso. Un molesto
pitido estaba en su cabeza y no se iba, produciéndole un dolor leve pero
intenso. Cerró los ojos y respiró profundamente. De repente, una explosión
mayor que todas las anteriores cubrió el cielo de la Arena. Un ruido que
parecía ser infinito, eterno e insoportable. Abrió rápido los ojos, lo
suficiente como para observar la placa de energía azul que se había creado en
el centro del cielo de la Arena. Y se extendía, un hilo de energía que dejaba
visible el campo, que seguía unas extrañas formas geométricas. Siguió aquella
luz de energía hasta que la perdió de vista entre los árboles de la derecha.
Cinco segundos después una luz cegadora cubrió la Arena, y una descarga
luminosa en forma de chispas empezó a llover cayendo sobre sus cabezas. Un
espectáculo de luminosidad que merecía la pena quedarse a observar, te
hipnotizaba, hacía que olvidases el miedo que sentías frente a la situación que
se estaba dando, porque era relajante, precioso, porque hacía tiempo que no
veían algo tan sumamente hermoso y espectacular.
Y entre todo aquel espectáculo se abrieron paso dos
aerodeslizadores, enormes, como aquel que se llevó el cuerpo de Amy. Fue
rápido, demasiado rápido. Empezaron a situarse estratégicamente, soltaron sus
pinzas y levantaron lo que parecían cuerpos de tributos, aún vivos, que
luchaban por escapar. Cinco segundos tardó en levantarse y salir corriendo,
huyendo de aquel escándalo, se oían gritos de tributos a lo lejos. Supuso que
vendrían de los que habían capturado. Sintió la sombra del aerodeslizador
detrás de él, y corrió, tanto como pudo, sin mirar atrás. Pero no fue
suficiente, notó como el frio hierro le abrazaba el cuerpo. Se sujetó como pudo
a las pinzas, su mochila cayó desde una altura considerable. Intento escapar,
pero le resultaba imposible. Y no pensó, no pensó en que para él todo había
acabado, ni pensó en que quizás le matasen cuando se abriesen las placas del
aerodeslizador, ni si quiera sintió miedo. Sólo arrepentimiento, por no haber
podido cuidar de Gale, por no darle un último abrazo a su madre, por no poder
besar a Amy nunca más. Así que cerró los ojos, mientras aquellas compuertas se
abrían y respiró, trayendo a su mente buenos recuerdos, que le hiciesen
alejarse de toda esa pesadilla, de aquel caluroso infierno.
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Capitulo 5,
Segundo libro
miércoles, 7 de mayo de 2014
¡Ya falta menos!
Cada día que quiero publicar un capitulo me resulta imposible, y mira que ponerme a escribir no tiene que ser tan complicado, pensaréis. Pero es que el mes de mayo y la primera quincena de julio esta siendo y será lo peor del curso. Trabajos, exámenes y cuando te quieres dar cuenta otra semana ha pasado. El plan es publicarlo el día 18, domingo. Porque ese viernes acabo, y hasta dentro de una semana teóricamente no tendría exámenes, aprovecharé para escribir más de uno el domingo y así dejar programadas las entradas siguientes y que podáis leer los capítulos aunque yo no esté por aquí.
A ver si puedo hablaros un poco del viaje de Italia, además de la iniciativa del otro blog y por supuesto, comenzar el PDF en cuanto acabe las clases. Terminar la historia y todo... queda bastante trabajo por hacer. Y eso sí, siempre agradeceros el seguir aquí a pesar de todo lo que os hago esperar, rozamos las 500.000 visitas, medio millón. Parece una locura.
Bueno, tengo que estudiar, así que nos vemos pronto. El problema de los comentarios fue solucionado, me quedan unos cuantos por responder pero ya empecé a hacerlo, revisad vuestros comentarios. No os olvidéis de seguir el blog en twitter para estar informados de todo (@Andrea_everdeen), facebook y el chat del blog.
Un saludo de vuestra escritora desaparecida.
sábado, 22 de febrero de 2014
Capitulo 4
¡Hoy no os traigo ningún capitulo!
Es broma, tampoco os pongáis así…
¡Hoy os traigo el capitulo 4!
Lo primero explicaros el por qué no he contestado los últimos
trescientos comentarios. No me deja. Así de simple. He estado planteándome
cambiar a wordpress pero es una ‘movida’ modificar todo, cambiar a los
seguidores a otra plantilla etc. Pero quiero que sepáis que leo cada uno de
vuestros comentarios, con los que me río muchísimo cuando suplicáis un final
feliz y con los que me emociono entre tanta palabra bonita. Estoy deseando que
me deje contestarlos, aunque tenga que hacerlo desde el móvil porque aquí no me
vaya y tarde mil años, lo intentaré. Y seguiré leyendo los nuevos porque me
llena de ilusión.
Lo segundo es pediros perdón, otra semana más, por este
retrasito. Cómo veis la historia se está complicando. Sumados a los problemas
de blogger, en cuanto a entradas ya solucionados, y a mis estudios que fue lo
que interfirió el viernes pasado, he de decir que ya era hora de publicar.
Aunque sea a prisa y el capitulo se me haya ido de las manos en cuanto a
calidad, mejor algo que nada y mejor tarde que nunca ¿no es así?
Lo tercero, en lo referente a las preguntas comunes de los
correos:
1. El PDF: el PDF está previsto para verano, hasta entonces
me resultará imposible, he de revisar, reescribir y añadir capítulos.
2. El ‘personal blog’: este espacio que se iba a crear para
informar con pequeñas entradas sobre mí, que pudiese publicar desde el móvil,
para que vieseis que no os abandono, además de noticias sobre mis nuevas
historias, nuevos blogs, criticas y recomendaciones tanto de cine como de
literatura, algo de moda etc sería algo perfecto de hacer como dije, pero lo
veo difícil. Aún así lo tomo como proyecto.
3. Regularidad de los capítulos: en marzo intentaré ser más
puntual, por ahora los exámenes me atrapan y los problemas con blogger han sido
un mareo (por suerte en lo que a entradas se refiere, solucionado).
4. Actualizaciones del blog: PROOOOONTO, I promiss.
5. ¿Os dice algo el número 400.000? ¿No? ¿Por qué no echáis
un vistazo al contador de visitas! ¡SOIS GENIALES!
Bueno no me entretengo más, no sé qué os parecerá el capítulo
porque ha sido demasiado improvisado y de prisa pero espero que disfrutéis un
poquito de la lectura y a ver si puedo volver con fuerza, capítulos largos y
buenos y desvelaros que es lo que va a ocurrir al final.
¡Un saludo enorme!
***
Puede que no lo viese venir. Tal vez no lo esperase. Todo iba
bien dentro de los límites de lo que podía ir bien o no estando ahí dentro.
Bueno, no tenía sentido, nada lo tenía. Eran consecuencias, consecuencias de
una sociedad que comenzó hace años, llena de odio y rencor, crueldad y egoísmo,
fruto de las personas que vivían allí. Lo único que sabía con certeza es que
ellos estaban pagando por todo el daño que empezó en aquel entonces, y eso no
era justo. Pero la vida no era justa.
Irónico, el echo de que se te regale una vida para después
arrebatártela. Te enseñan a reír, a disfrutar, a divertirte, a llorar, a amar…
y luego nada. Todo se desvanece, de un momento a otro, lo pierdes sin más. Tan
sencillo como respirar y de un segundo a otro, dejar de hacerlo. Pero eso puede
que si tenga sentido. Si te dan algo y no te lo quitan no eres capaz de
apreciarlo. Y la vida, la vida había que apreciarla.
Por supuesto, los tributos que se encontraban en la Arena
habían aprendido a valorar sus vidas, pero eso no servía de nada, porque la
única forma de salir era acabar con las otras. Y eso, eso acababa con la suya.
Era una consecuencia también, se mantiene una mínima llama de esperanza para
que el pueblo esté tranquilo. Si le quitas esa esperanza, sencillamente el
pueblo no tendría nada que perder, lo habría perdido ya todo y de ser así,
habrían perdido también el miedo. Y eso es muy peligroso, realmente supondría
un problema.
Pero para el tributo
que sobrevive nada de eso sirve, porque lo que ha vivido le ha cambiado, y
nunca podría volver a ser la persona que era. Mantuvo su vida, pero a costa de
qué. Nada, no hay nada que le devolviese a su vida, y por eso eran peligrosos.
Por eso había que mantenerlos controlados. El problema fue demasiada esperanza,
que se juntó con valor, y eso tuvo terribles consecuencias. Por supuesto, fue algo
malo. Por lo tanto, y una vez más, el hecho de estar metidos en estos últimos
juegos volvía a ser una consecuencia. Una consecuencia de años atrás, podría
llamarse venganza, quizás.
Ese muchacho era el más peligroso de todos. Un joven de
cabellos dorados y ojos color mar, que perdió a su padre antes de nacer. Al que
secuestraron, le metieron en la Arena, junto a otros tributos. Se enamoró. Y
eso es lo más peligroso, más peligroso que la esperanza, puesto que no hay
mayor sentimiento que el amor. Pero aún podían controlarlo, porque le seguía
quedando una cosa. Una parte de la chica que había amado, y recientemente había
perdido. Por ello, debían hacer algo, algo que controlase su dolor y su furia,
su odio y su rencor. Algo que le diese esperanza, pero no la suficiente como
para atreverse a enfrentarse al gobierno que allí le tenía atado.
El niño era lo más importante del juego en ese momento. Del
pequeño Gale dependían muchas cosas, y eso había que controlarlo.
Todas las cámaras pues estaban pendientes del joven, había
pasado la última hora andando y corriendo, alterando el ritmo de sus piernas
tan pronto como el de su corazón lo hacía. Destrozado tanto por dentro como por
fuera. En tan solo un poco de tiempo, unas ojeras en su rostro aparecieron, los
rasguños de las plantas que ya no intentaba evitar goteaban sangre, poca, pero
visible. Lo suficiente como para recordarle que estaba vivo y que la vida, la
vida le seguía doliendo.
Llevaba una mochila colgada y la otra en el brazo, en la mano
su arma, aunque estaba tan distraído con sus pensamientos que de poco le
serviría un arma. Sus pensamientos en Amy, en como agarraba su mano, la
sensación que tenía al estar con ella. El momento en el que le dijo que le
quería de aquella manera, y tras eso, minutos después un cañonazo. Entró por
sus oídos y le destrozó por dentro, como si fragmentara cada uno de sus huesos
y al llegar al corazón, lo encerrase en un puño, apretándolo, asfixiante.
Lo que tenía que hacer era llegar a los matorrales, retirar
todas las ramas y entrar en la cueva. Curar a Gale era su prioridad, después
tendría que decirle que su hermana… que su hermana no iba a volver más. ¿Cómo
le dices eso a un niño pequeño? ¿A su hermano? Si a él le mataba el dolor,
imaginarse lo que sentiría Gale al contárselo le destrozaba aún más.
Ya ve la llanura que se sitúa en frente de la colina. Avanza
su paso, cansado, agotado mentalmente. No se ha enfrentado a nada comparado con
lo que le queda por delante.
Seguía con el amargo sabor de culpabilidad por no haber
llegado a tiempo. Era como si fuese él quien hubiese acabado con la vida de
Amy. Pero no sólo sentía culpabilidad por haberla perdido, también le quedaba
la rabia de no haber aprovechado su tiempo. Las oportunidades que había tenido,
de estar junto a ella en cada momento. Le gustaría intentarlo otra vez, porque
estar cerca de ella era algo indescriptible. La risa salía sin ningún esfuerzo,
los ojos brillaban al observarla, la sonrisa aparecía en su rostro al sentirla
cerca. Cada palabra suya era un mundo, cuando le agarraba y sentía el contacto
era algo superior, por no hablar de sus labios, los que no podía evitar querer
besar en cada momento. Pero no era sólo eso, era la calidez de su compañía, la
esperanza de sus palabras, la alegría de su risa nerviosa. Eran sus ojos poco
comunes, era su pelo sin peinar, y aún así, perfecto. Era su piel lisa, su
vergüenza, su nerviosismo y su valentía. Su fuerza y su debilidad, su timidez y
su inteligencia. Era ella en sí, cuanto menos interesante, cuanto más
atractiva. Única diría él, le aportaba mucho, mucho más de lo que podría haber
pedido, mucho más de lo que algún día había soñado. Lo era todo. Eso era
exactamente lo que pensaba, cómo fue capaz de serlo todo sin haber sido
siquiera nada.
Y ahora no estaba, se había ido. Había perdido la oportunidad
de tenerla, de quererla. No sabía si se odiaba más a sí mismo, o si odiaba más
al Capitolio. Pero no sólo era eso, ¿no se supone qué les rescatarían? ¿tan
pocos eran los que en el verdadero gobierno buscaban una solución al problema?
¿acaso habían tomado ya Panem? Ira, odio, rabia, cualquier sentimiento se movía
por su sangre extendiéndose por todo sus ser. Y eso lo mataba, lentamente. Pero
tenía la esperanza de que Gale viviese, de que les rescatasen un día, para
poder verle crecer, como Amy hubiese querido.
Así que tras un camino entero imaginándose besos con Amy,
besos pausados que se paraban en mitad de una sonrisa y seguían por la
necesidad de acortar la distancia que les separaba. Tras imaginarse todas las
palabras que le gustaría haberle dicho y todas las que le hubiese gustado oír.
Después de imaginarse la felicidad de estar los dos juntos, queriéndose, en una
sed interminable de no separarse nunca, de no abandonar ese sentimiento que les
movía. Y al fin se lo imaginó, su final perfecto, su final feliz, cada beso,
cada sonrisa, cada alegría compartida y sonrió nostálgico. Pero no era una
nostalgia de echar algo de menos, era una nostalgia de saber que nunca pasaría,
y eso si que lo echaría de menos. Eso le mataba lentamente, como si la viese
cada día y no pudiese hablarla, pero era peor, porque no volvería a verla.
Respira hondo y pausado, deja las mochilas delicadamente en
el suelo y mira alrededor sin prestar la atención suficiente. Retira las ramas
tirándolas hacia un lado con fuerza, como si la rabia que había en su interior
quisiese hacerse presente. Esa rabia se dividía de dos importantes partes. La
que le obligaría a dormir agotado por las lágrimas que querían salir sin parar,
y la que querría dar golpes para desatarla, gritar sin pensar que consecuencias
conllevaría hacerlo. Pero la sensatez la controlaba, escondiéndola para que no
se manifestase, encerrándola.
Recoge las mochilas. Se pregunta si está preparado para ver
esa dulce cara que tanto le recordaría a ella. Pasa dentro de la cueva y coloca
las ramas de nuevo, lentamente. Se agacha y busca el medicamento de Gale, el
que tantos problemas había causado, el que le salvaría la vida. Era irónico,
una vida por otra. Era… doloroso.
Se adentra un poco más hasta que llega al final de la cueva,
coge uno de los botellines y uno de los trapos improvisados que Amy había hecho
con la camiseta. Vuelve hasta donde está el pequeño, retira la parte superior
del saco de Gale para comprobar si está despierto o sigue dormido. Nota como la
medicina se resbala sigilosa de su mano, rozando el suelo, sonando en este,
rodando un poco por la rocosa superficie. Todos sus sentidos se vuelven
escasos, ya no oye bien el ruido que hace cuando se le cae de la mano, su
visión se tiñe un poco de negro por los lados, un sudor frío aparece por su
frente, y la respiración… esta es lenta y áspera, como si su mente quisiera que
doliese. No es capaz de movilizar ni un solo músculo de su cuerpo, su cerebro
no quería hacer nada. Su visión oscura estaba clavada en un sitio, incapaz de
reaccionar.
Mil pensamientos pasaron por su mente, acribillándole poco a
poco, matando cualquier tipo de pensamiento positivo. Manifestándose terribles
imágenes y teorías. Sufriendo el dolor de la pérdida de Amy una vez más.
Acabando con él lentamente. Metiéndole en un estado en el que de repente ya no sentía.
No sentía nada, ni dolor, ni tristeza, ni nostalgia, pero tampoco alegría,
esperanza, ni odio y rencor. Nada, estaba más frío que el agua congelada del 12
en invierno. Era hielo.
De repente nada de su alrededor tenía sentido.
Gale no estaba muerto, pero tampoco estaba vivo. Simplemente
no estaba, había desaparecido.
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Capitulo 4,
Segundo libro
martes, 21 de enero de 2014
Capitulo 3
¡Hoy os traigo el capítulo 3!
¿ME ECHABAIS POR AQUÍ DE MENOS? ¡YO, SI!
(disculpas adelantadas)
Os explico, estoy escribiendo lo más deprisa que puedo esta
entrada. ¿Por qué? Como ya sabréis, o eso espero, no he estado de vacaciones,
ni he ido de crucero ni me he paseado con Jack por el Caribe. La razón de no
haber publicado hasta el día de hoy, 21/01/14, es que los problemas técnicos
siguen presentes. ¿Cómo pues, estoy escribiendo esta entrada? Cuando me
solucionaron el problema, publiqué la entrada anterior, tras esperar un día fui
a publicar otra, y vuelta a mi bucle de los ideales problemas técnicos que me
atormentan, no fue posible. Bien,
esta es mi manera de deciros que esta entrada puede ser no solo la primera del
año, sino la primera de muchas. O que tras publicarla, me toque ponerme otra
vez a comprobar todo, porque una vez más, falle con la siguiente publicación.
El caso es que empezamos el año con este esperado capítulo, algo
improvisado pero que espero que os guste. Sé que tengo muchos comentarios y
correos por contestar y ahora mismo me pondré con ello. Al igual que la
entrevista que hice, la cual deseo enseñaros. O las visitas a blogs que os debo
y quiero hacer.
Desearos un tardío feliz año y daros las gracias porque tenemos
más de 350.000 visitas, que se dice rápido ¿verdad?
No me entretengo más no vaya a ser que falle el sistema y no
publique al final la entrada. Espero todos vuestros comentarios impacientes y
os deseo que sigáis leyendo con la misma ilusión de siempre. Rezad porque no
haya más problemas con blogger.
***
Te amo. Su pregunta había sido contestada, la pregunta que ayer
tendría que haber respondido para no estar tumbada, desangrándose, tal y como
lo hacía ahora. Finnick sabía que siempre había sido real a pesar sus
discusiones, a pesar de que admitió su beso con Will y aunque Amy negase
quererle, a él no le sentó bien. Porque discutieron muchas veces para salvarse
la vida entre ellos hasta el punto de decirse que no se querían, y eso había
pasado de nuevo la noche anterior, cuando dejaron de hablarse. Porque aunque
Amy dijese que todo había acabado, que el juego había acabado, no era verdad.
Porque aunque Amy decía una y otra vez, cada día, que no tendrían futuro, que
nada saldría bien, ni siquiera pudo resistirse a algunos de sus besos. Era la
primera vez en todos los juegos que se lo decía, que le decía que le quería de
esa manera.
Finnick le coge las manos y sonríe. Una sonrisa que tratan de
hablar porque las palabras no pueden salir. Unas manos, que aprietan sin dañar,
porque la fuerza le abandona. Y una mirada que lo dice todo. Porque no quiere
perderla, no puede perderla.
Y cuando la persona a la que más quieres en este mundo, se está
yendo y ves que no puedes hacer absolutamente nada para evitarlo, duele. Tu
cabeza recuerda una y otra vez momentos especiales, sonrisas y abrazos, como si
quisiese hacer que doliese más, hasta que te encierras en un bucle sin salida,
en el que o sales en ese mismo momento por ti mismo, o no sales nunca.
Después de todo lo que habían luchado no podía perderla así, se
levanta, le suelta la mano con mucho cuidado, como si de una muñeca de
porcelana se tratase y busca en las tres mochilas que no son de su distrito
cualquier cosa que le sirva para parar la hemorragia. A medida que abre las
mochilas y saca su contenido, una parte de él elimina todo rastro de esperanza,
pero cuando ve las demás crece de nuevo. Porque su amor por Amy es mayor que su
miedo. Mira un momento la cara de esa dulce chica, tumbada, con una mano
tapando la herida que no para de sangrar. Observa su cara de ángel, su delicada
piel, su perfección, aún con heridas, aún estando más delgada de lo que
debería, porque no era la más guapa del mundo, pero para él era la guapa, más
guapa que cualquiera. Sin más, unas pinzas aparecen desde el cielo, y tran de
ese cuerpo marchito, llevándosela lejos de él.
Todo sucede realmente rápido. El sol que le ciega por un minuto
deja de hacerlo cuando un enorme aerodeslizador aparece justo encima de ellos,
ve como las pinzas suben lentamente con el cuerpo de Amy, se queda bloqueado,
ningún musculo de su cuerpo responde. Lo que está pasando no puede ser verdad.
Ve como la compuerta inferior se abre y el cuerpo de la chica
desaparece. Mueve la cabeza por un segundo a donde estaba tumbada y mira al
cielo de nuevo. No tarda ni tres segundos, pero el aerodeslizador se ha ido.
Amy ha desaparecido. Su oportunidad de decirla que la quería se había
desvanecido.
Rabia, rabia y dolor es lo único que siente, lo único que le
obliga a moverse, a gritar. Finn cae de rodillas, llevándose las manos a la
cabeza y agarrando con fuerza su cabello, cierra los ojos una y otra vez con la
esperanza de despertarse en
la cueva, el día antes del banquete. El problema es que así es el juego, vivir
o morir.
Cuando estás mal, cuando lo ves todo negro, cuando
no tienes futuro, cuando no tienes nada que perder, cuando... cada instante es
un peso enorme, insostenible. Cuando te han arrebatado lo que más te importa.
Quieres huir, escapar. De cualquier forma. De la más simple, de la más cobarde.
Ella no está. Ya no está. Y entonces, simplemente, querrías no estar tampoco
tú. Desaparecer. Pero él no puede, no aún.
Está de rodillas en la Arena, no oye ningún cañonazo que le diga
que ya ha acabado. Amy seguirá desangrándose en el aerodeslizador, se la habían
arrebatado y ni siquiera estaba muerta todavía. Intenta pensar que tal vez la
estén curando, pero luego vuelve a la realidad, ¿acaso esas personas que les
secuestraron y les metieron en ese sitio infernal tendrían algún interés en
preservar sus vidas? La respuesta era clara, no.
Está al lado del banquete que tantos problemas había creado,
pensando en ella. En su sonrisa, su cabello, sus ojos vidriosos llenos de
fuerza…
Le encantaría que volviese aunque solo fuera un minuto. Un minuto
parece realmente poco tiempo, mísero, pero en un minuto podría hacer muchas
cosas. Los primeros segundos para decirle que la amaba más que a su propia
vida, que odiaba la idea de que se fuese tan pronto, que la echaría eternamente
de menos. Para decirla que su hermano estaría bien, que mantendría su promesa.
Para convencerla de que no tuviese miedo, porque había conseguido escapar al
fin de este infierno, porque la esperaba un lugar mejor, porque le pediría a su
padre que cuidase de ella allá donde fuese. Los siguientes segundos le
prometería que algún día se verían y que entonces no la dejaría ir de nuevo.
Veinte segundos quedarían pues, diez para abrazarla y aferrarse a ello, para
hacer de ese abrazo un recuerdo eterno. Los últimos diez, para rozar sus dulces
labios y besarlos. Y cuando tuviese que irse de nuevo, una lágrima le caería
pero mantendría la sonrisa mientras la vería alejarse y le susurraría un
siempre, un te amo que perduraría eternamente.
Por desgracia, no tendría esa oportunidad.
Hoy finalmente se había cansado de ese juego, del estúpido tira y
afloja. Era frustrante tener que ser marionetas de una guerra que ni siquiera
ellos habían empezado. Harto de los extremos: vives o mueres, matas o te matan,
cazas o eres cazado, ganas o pierdes. Estúpidos sinónimos para referirse a este
juego, adornos de nombres que suenan mejor que la muerte. Porque el foco de
esperanza se centra en esa persona que puede salir de la Arena, pero todos se
olvidan de las otras que mueren al intentarlo. Cansado de perder la vida de la
gente que le importaba. Agotado de luchar por sobrevivir. Porque ahí estaba la
clave, lo que él quería no era sobrevivir, lo que él quería era vivir.
“Te prometo que cuidaré de Gale, te prometo que os mantendré
con vida en la Arena” Sin percatarse si quiera ya está levantado cuando esa
frase resuena en su cabeza, una lágrima cae por su mejilla pero rápidamente la
borra con la mano. No va a permitir que ocurra esto de nuevo. Sus músculos
pesan más que nunca, destrozado sigue caminando. Coge todas las mochilas, más
vale que no le falte de nada ahora que le falta lo que más importaba. Lo único
que piensa ahora es en que está anocheciendo, debe llegar hasta Gale para
curarle.
Tiene que darse prisa, atraviesa nadando lo que le separa del
bosque. Decide centrarse en el chico que se queda aquí, el que aún puede vivir
y decide enfocar toda su rabia a sacarle de aquí, vivo. Porque duele pensar en
la sonrisa calcada de Amy que tiene su pequeño hermano, pero siente que sigue
aquí abajo cuando en sus recuerdos la ve jugar con Gale, o cuando piensa en el
pequeño diciéndole que a su madre le encantaría el premio que les iban a dar
cuando ganasen el juego, un par de inocentes palabras le hacen sonreír
momentáneamente.
En ese mismo momento se oye un cañonazo. Se queda parado, su
corazón pierde el ritmo y empieza a latir cada vez más fuerte, más rápido. Las
manos comienzan a sudarle, se pone nervioso, tiembla. Mira a todos los lados
desesperado, quiere llorar, gritar, desahogarse, quiere caer al suelo, que
Colin lo atrape. Que todo acabe. Su respiración aumenta y sus piernas comienzan
a fallar. Sin embargo mira adelante y sigue andando, no tiene fuerzas
suficientes para correr pero si las suficientes para llegar y mantener con vida
a Gale, porque Amy lo hubiese querido así. Porque es la única cosa que le queda
de ella en este infierno. Porque es su forma de mantenerla con vida.
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Capitulo 3,
Segundo libro
domingo, 15 de diciembre de 2013
¡Sigo viva!
Como podéis ver esta entrada es
corta pero es que ni si quiera sé si va a publicarse. Como ya sabréis problemas
en el sistema no me han permitido ni publicar entradas ni contestar
comentarios. Os he ido informando en twitter que por suerte, funciona correctamente.
He de decir que no se qué pasaba
pero creo que ya se ha solucionado, lo comprobaré en cuanto vea que esta
entrada está en el blog. Si es así, contestaré a todos los comentarios en esta
misma mañana y dedicaré media hora o así al blog.
Sigo sin saber que ha ocurrido
pero si estáis leyendo esto es porque estoy de vuelta y el capitulo 3
por tanto no tardará en llegar.
Quería agradeceros a todos los
lectores anónimos el seguir metiéndoos cada día, y a esos 202
seguidores de blogger (impresionante como hemos crecido) que sigan el blog a
diario.
Deciros que si os fijáis en el
marcador, en el día de hoy veréis 300.000 visitas, y eso es algo que emociona en serio.
Gracias.
Os informo además de que tengo una entrevista para una revista online, aún no tengo detalles pero la verdad estoy impaciente por saber más :)
Os informo además de que tengo una entrevista para una revista online, aún no tengo detalles pero la verdad estoy impaciente por saber más :)
Espero no tener más problemas con
blogger.
El más sincero de los
perdones, y un saludo enorme de vuestra escritora
P.D: HE VISTO EN LLAMAS.
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Cosas del blog
miércoles, 27 de noviembre de 2013
RBC in worderland + ¿capitulo 3? ➶
Hola a todos, ¿entrada rápida? Puede, pero tenía que avisaros de unas cositas... ¡Sorpresa!
LA PRIMERA, esta mañana abro el correo y me encuentro con un sorprendente correo como otras tantas veces, del autor http://rbcbook.blogspot.mx/. ¿Otras tantas? Sí, pero nunca para de sorprenderme con sus iniciativas. Y mira que yo descubrí el blog de casualidad, pero cuánto me alegro. Por sus películas, sus entradas, sus concursos y todo... Os parecerá que esta última es una manera de hacer publicidad a su blog, que si da a like, que si publica con mi blog, que si añade a twitter, pero a mi no. Me parece de lo más justo, además sabéis que por twitter muchas veces os digo que me paséis vuestro link y lo publico. ¡Todo lo que sea ayudar a dar a conocer a otros blog, adelante! Así he hecho absolutamente todo, incluido poner su banner (que bien ha quedado oye) a la derecha. ¿Y todo esto para qué? PUES PORQUE PARTICIPAMOS EN UN SORTEO DE UNA PORTADA ILUSTRADA PARA EL LIBRO. ¿SABEIS LO BIEN QUE QUEDARÍA EN EL PDF ESTA INCREÍBLE PORTADA? Pf... ojalá ganemos.
Dicho esto, y anuncio dado, decir queda que el capitulo 3 se publicará el viernes que viene, si puede ser antes pero lo dudo. ¿Por qué? Problemas personales y complicaciones que ha habido en las ultimas semanas, lo siento... Pero eso sí, no dejéis de pasaros por el blog, que un adelanto del capítulo 3 rapidito y que os deje sin respiración, no os lo quita nadie.
Aprovecho para recordaros la idea que publiqué en twitter del 'personal blog' ya que quiero opiniones vuestras. Si alguien no la ha visto porque no tiene twitter o lo que sea, que haga click JUSTO AQUÍ porque de verdad, lo considero interesante.
Empezaré el PDF estas navidades, la primera semana de vacaciones espero tenerlo ya leído del todo para empezar a corregir, añadir, quitar, cortar, y separar por capítulos. Además de la idea que muchos tenéis de traducirlo a inglés.
Y nada, aprovechar esta entrada para comentarme lo que queráis, comentarios libres para decir lo que queráis referente al blog, a la historia, a twitter, a fb, a mi... LO QUE SEA.
PD: Tengo pendiente...
✓ Menciones de twitter
✓ Página fb
✓ Correos
✓/✗ Comentarios
✗ Capitulo 3
¡Será mejor ir a ello!
Besitos de parte de vuestra escritora ♥
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Cosas del blog
sábado, 9 de noviembre de 2013
Capitulo 2
¡Hoy os traigo el capitulo
2!
Se
me hace raro escribir ‘capitulo 2’ tras haber escrito ‘capitulo 60’ hace nada.
En fin… Como siempre, atrasándome a la hora de publicar. Soy un desastre, lo
sé. Y perdonadme una vez más, por favor, pero aquí esta. Estoy aprovechando
este sábado por la noche, ya que tristemente no salgo, para escribir, contestar
todo y obviamente publicar este capítulo mientras veo mis series preferidas
online, cual friki, y busco mis futuras adquisiciones online ya que han vuelto
a renovar temporada en todas las tiendas de moda. Me voy por las ramas… ¡Ah,
sí! ¡El capítulo! Lo he traído recién escrito para vosotros. Es un capítulo
especial, pensaréis que al principio todo se desarrolla lentamente, pero al
final del todo encontraréis que la narración es más rápida, pero no mucho. He
querido hacer el capítulo lento.
Como
he visto que muchos os preguntáis a que se debe el juego con los narradores os
lo diré, una de las razones de cambiar el narrados es el cambio del libro, ya
que es la segunda parte, y ocurre algo en este capítulo y el siguiente que es
la clave de que el narrador ahora sea omnisciente.
Espero
estar pronto de vuelta con el capítulo tres y que este capítulo os guste y os
conmueva. Y por supuesto,
ojala estéis disfrutando de este último libro J
Recordad
que para contactar, comentarios, el correo que sí que me mandáis varios: andreaeverdeen@gmail.com o twitter @Andrea_Everdeen. Tal vez
elimine la c-box para que vaya más rápido el blog en los móviles y tablet.
***
Las
horas pasan, el sol se va moviendo. Finnick monta guardia en la cueva,
escondida tras unos matorrales. Sin embargo, no está atento a Gale, porque en
realidad lo que está haciendo es tratar de no pensar lo que ocurre en el
banquete. Banquete, sacrificio, venganza, hay muchas formas de llamarlo.
Oportunidad para salvar a tus seres queridos, así lo denominan ellos, aunque no
tendrían que salvarles, si el Capitolio no les hubiese condenado ya.
El
joven no oye la voz de Clover que anuncie nada. No oye cañonazos. Cuando no
puede más se levanta, deja a Gale la comida y el agua, le pone la mano en la
frente para comprobar si su fiebre ha bajado, como no lo ha hecho, moja de
nuevo el trozo de camiseta y se lo pone en la frente. Se para a pensar
detenidamente sobre sus acciones, planteándose que debería hacer realmente y que
es lo que él quiere hacer. Pero a veces no te queda opción y hay que decidir.
Su decisión era obvia, teniendo en cuenta, que Amy le había pedido a Finnick el
mantenerse al margen, cuando el chico arriesgaría cualquier otra vida por ella,
incluso la suya. Refresca un poco todo el cuerpo de Gale con el agua que queda
el botellín que anteriormente había usado y cuando acaba, coge su cuchillo y se
dirige hacia el banquete. No se perdona el dejarle allí solo, pero se jura a sí
mismo no le va a pasar nada. No le puede pasar nada. En cambio, no puede pensar
lo mismo de Amy, ella había ido a un baño de sangre incluso sabiendo, que no
saldría viva de allí.
Corre
tan rápido como puede porque sabe que la orilla está muy lejos. No escucha nada
que anuncie como van la pelea, lo que le hace pensar que podría no haber
empezado. Tal vez llegaría a tiempo de evitar que Amy entrase. A tiempo de
evitar su muerte. Sigue corriendo, en apenas una hora a recorrido casi el doble
de lo que habría hecho con normalidad. De repente, oye un cañonazo. Se para,
con temor a quien ha sido la persona que ha podido morir pero reacciona con
rapidez. La pelea está ocurriendo mientras él está quieto, así que sigue
corriendo, cada vez más cerca de la orilla. El baño de sangre ha comenzado. Sin
más, se oye un grito estremecedor con su nombre; un Finnick, que le pone los
pelos de punta, las manos tensas, que hace que su corazón lata con más fuerza
que nunca, y una sola palabra en mente: Amy. Sabía que tendría que haber ido él
a por la mochila, dejar que fuera ella quien se ocultase montando guardia,
cuidando a Gale, porque así no correría tanto peligro. Insistir habría sido lo
que debería haber hecho. Olvidarse de sus “es mi hermano, Finnick”, de su
mirada suplicante, y gritarle que no. Sin embargo, tiene que pensar que todo va
a ir bien para controlar el sabor de la culpabilidad, que circula por todo su
cuerpo. Corre, sólo corre, tienes que llegar para salvarla, se dice una y otra
vez. Los minutos pasan pero demasiado lentos porque es incapaz de ver aún la
orilla. Los segundos cada vez se hacen más eternos hasta el punto en el que
parece que el tiempo ya no corre, que se ha congelado todo enfocando todos sus
pensamientos hacia una sola cosa. Sabe que está cerca pero no lo suficiente. El
miedo aparece como una manta en pleno verano, asfixiante, desesperante, el
sudor empieza a recorrer su cuerpo y la respiración comienza a abandonarle.
Mira al frente desesperado, es capaz de ver la orilla. Pero algo le frena,
escucha de nuevo otro cañonazo.
Ese
cañonazo le destroza por dentro, se para y respira agitadamente intentando no
asfixiarse. Apoya sus manos sobre las rodillas y se agacha un poco. Sus ojos
quieren llorar, su corazón quiere dejar de latir pero su cabeza quiere seguir.
Se lo ordena una y otra vez y hace resonar ese grito que oyó con anterioridad,
ese grito que llevaba su nombre. Torturante, pero es lo único que le obliga a
seguir. Los recuerdos se clavan como flechas haciendo mayor daño del que haría
una de verdad. Debe conseguir llegar junto a Amy cuanto antes. Avanza
lentamente. Empieza a correr de nuevo con un paso algo más torpe debido al
temor que invade su cuerpo. Tiene heridas en los brazos porque no se ha
molestado en apartar las ramas que arañaban su piel por el camino, el tan solo
quiere correr, quiere llegar, y lo había conseguido.
Al
llegar al sitio del banquete observa la escena, ve a Colin alejarse de una
chica que se encuentra en el suelo, y a la chica del 13 huir hacia el interior
del bosque, llevando consigo dos grandes mochilas sobre el hombro. Ve dos
cuerpos flotando en el agua. En total cinco, hay seis mochilas, tal vez haya
escapado. Se fija mejor en los tributos que hay. Sin embargo, lo que más atrae
su vista no es la huida de sus competidores, ni esos cuerpos flotando, sino el
que está en el suelo. Cuenta de nuevo. Uno y dos en el agua, tres huyendo al
bosque, cuatro Colin alejándose y cinco… Es Amy retorciéndose en el suelo,
dando gritos ahogados de dolor. Desesperado, ordena a sus piernas a ir más
rápido. No puede fallar ahora, prometió que la mantendría con vida, prometió
llevarla a casa. Cuando llega al agua nada como le enseño una vez su madre y no
tarda ni un minuto en llegar a la Cornucopia. Al llegar junto a ella y ver la
sangre, la herida que tiene en el estómago, cree que es una ilusión. Piensa que
es todo falso, que no está pasando. Pero la camiseta está empapada, empapada de
sangre suya. Lo primero que siente es miedo. Miedo por si la pierde. Odio.
Mucho odio porque una vez atrás pudo matar a Colin. Y odio por Amy, sobre todo
por ella, porque es una cabezota, porque decidió ir sola, porque quiere morir
en la Arena. Porque no quiere luchar por su futuro. Por el futuro de ambos.
Porque renunció a las esperanzas. Porque no quiere seguir viviendo.
La
mira detenidamente. No solo está herida, también algo magullada. Tiene cortes
superficiales en la cara que sangran débilmente. Esta muy débil y pálida por la
sangre que pierde a causa de la herida del estomago. Las muecas de dolor
aparecen en su cara, pero poco a poco se desvanecen dejando paso a sus
lagrimas. Empieza a suplicar, a gritarla, le dice lo mismo una y otra vez
intentando que su voz no se corte, que suene segura.
-Amy
no puedes irte, no te vayas ¿vale?, no te vayas. ¿Recuerdas una vez que me
dijiste que no te abandonase? Ahora te lo pido yo Amy, abre los ojos por favor.
No puedes irte, tienes que volver al doce, te sacaré de aquí, a ti y a tu
hermano. Por favor Amy, no me dejes. Quédate
conmigo.
Finalmente,
consigue abrir los ojos y le ve arrodillado. Mueve los labios tratando de
decirle algo, pero la voz le sale tan débil, que ni ella misma se oye hablar.
Sin embargo Finnick intenta escucharla, intenta mantenerla con vida. Porque es
lo único que quiere, lo único que necesita para vivir, Amy es la sangre que
corre por sus venas, es la razón de que su corazón siga latiendo.
-Me he preguntado muchas veces… cuando aparecería mi cara-tose,
con cada palabra, se para, a penas puede decir tres seguidas sin ahogarse. Y
ella lo sabe, sabe que no le queda tiempo, ni fuerzas, ni palabras, así que se
limita a decir lo que considera más importante- te amo Finnick, eso no pueden
quitármelo.
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