¡Hoy os traigo el capítulo 11!
Este capitulo que está maldito, o algo por el estilo ya que es la tercera vez que lo escribo, al fin está aquí. ¿Lo peor? Que a mi no me gusta. Creo que es un poco más largo de lo normal, lo he cortado aquí porque si no quedaba muy largo. Espero que disfrutéis de él y no olvidéis que podéis debatir sobre qué va a ocurrir o no, es divertido leeros.
De nuevo, os copio lo que dije en el capitulo anterior. Os sigo invitando a participar enviando vuestra portada para el PDF de LJDH continúan, y como siempre, daros las gracias por vuestros 'likes' en facebook, los seguidores de twitter, y los votos en wattpad. Y recordad que os encontraré si tuiteais con #LJDHcontinuan y otras muchas. ¡Ayúdanos a dar a conocer el blog! Toda ayuda es bienvenida.
Espero que disfrutéis mucho del capitulo e intentaré pensar en qué hacer para publicar más a menudo, ¡Os leo en los comentarios, correos y redes sociales con mucha ilusión! ¡Gracias por seguir por aquí!

Despierto de nuevo, me noto más recuperada. Esta vez no me mareo ni noto mi cuerpo extraño. Parece que la pesadez se ha ido, tan sólo noto los músculos un poco cargados, como si hubiesen estado tensos durante un tiempo prolongado. Respiro lentamente, disfrutando de la sensación del aire que entra llenando mis pulmones. Noto como mi tórax asciende y desciende lentamente, dejando atrás una sensación relajante que me hace sentirme bien, sana y lo más importante, viva.
Veo como la fría habitación se despliega ante mis ojos
mientras intento aclarar mis ideas. La habitación está tan vacía, solitaria, me
recuerda al final de algo. Tal vez lo sea, el final de esta pesadilla.
No puedo evitar sentir una profunda sensación de pérdida,
aunque por alguna casualidad del destino todo hubiese terminado. Por desgracia,
no creo en las casualidades ni en el destino. Mi mente trabaja deprisa, no soy
capaz de esquivar el caos que se reúne en mi cabeza, las imágenes de la Arena
pasan por mis ojos desgarrándome por dentro. Intento liberarme de esas visiones
apretando los ojos hasta que siento un pequeño mareo producido por la
intensidad y mi esfuerzo por escapar de la realidad que me atormenta.
Debería pensar que soy afortunada, por estar viva, por haber
escapado de aquel horripilante sitio pero, no me siento así. Es exactamente esa
sensación de incertidumbre la que me atormenta. Qué creer, qué pensar y por
tanto, como actuar. El camino fácil es confiar en que todo va a salir bien,
dejarme llevar por los pocos pensamientos positivos que ahora mismo viven en mi
más profundo interior. Por alguna razón que se me escapa, soy incapaz de
hacerlo. Mi cabeza se ha vuelto fría y lógica, lo que hace que busque
razonamientos para todo lo que ocurre, que calcule cada movimiento y cada
decisión, intentando protegerme de un daño que acabará resultando inminente. Si
hasta ahora habían pasado todas aquellas cosas, quién podía asegurar que está
vez fuese diferente.
No creo que vaya a salir bien, nos han rescatado, pero eso
es tan solo uno de los muchos movimientos que has de hacer si quieres ganar la
partida de ajedrez. Y este hecho que se escapa de mi entendimiento, me
desconcierta, el querer pensar una cosa pero acabar irracionalmente dirigiéndome
hacia la contraria. Sin saber por qué, plasmo la realidad como algo oscuro
llegando a una conclusión que es lo único que me parece claro, nada puede salir
bien si el responsable de esto sigue con vida. Y no puedo evitar preguntarme si
ese desgraciado sigue con vida.
No me siento precisamente afortunada, y que consiguiesen
rescatarnos sin problemas no me inspira demasiada confianza. Un gobierno
alternativo que lleva años planeando un acto como este no ha podido dejar que
escapemos sin represarías. Quizás solo está siendo negativa, pero no soy capaz
de ver este mundo de otra manera. Una red de hechos profundamente meditados y
entrelazados, historias de esperanza, y por otro lado, de venganza. Sentimientos
como el dolor o la ira, que mueven un plan sin futuro pero con muchas pérdidas.
Una oportunidad tan meditada debía tener previsto que pudiesen sacarnos de la
Arena, lo que les llevaría hacia otro plan, como si todo esto ya estuviese
calculado. Es posible que nunca lo hayamos visto, pero siempre han estado ahí,
enterrados en la superficie, escondidos entre nosotros, ¿de quién debemos
fiarnos? ¿Qué tengo que hacer?.
Ante tantas preguntas sin respuesta, suspiro, agradeciendo
la calma que existe en la habitación. Comienza a parecerme más acogedora que fría.
Es totalmente lo contrario a lo que
puedo encontrar en mí. Sin caos, tan solo calma. Se puede escuchar casi el
silencio. Intento centrarme en él, disfruto de la sensación de bienestar que me
produce un poco de tranquilidad. Me concentro en mis respiraciones, profundas,
hasta ser capaz de notar las palpitaciones producidas por el latido de mi
corazón. Tan rítmico y sincronizado que produce una agradable sensación sugiriendo
que nadie ni nada puede variar este momento, por fin estoy tranquila.
Bajo la vista y examino mi cuerpo, de nuevo. ¿Estaré
capacitada para andar? Tal vez mis heridas me lo impidan. Soy presa de una
impaciencia inenarrable, necesito responder mis preguntas, y no hay nadie aquí que
venga a responderlas. Intento controlar el impulso que me incita a saltar de la
camilla y apoyar mis pies en el suelo antes de comenzar una carrera hasta mi
meta. De momento lo consigo, pero la necesidad de incorporarme es cada vez
mayor.
Tengo la garganta seca, el cuerpo me pesa pero en realidad
me encuentro mejor que la última vez que desperté. Tras haber estado calmada por unos escasos
minutos, siento un fuerte dolor en la sien, cruza hasta los ojos y termina
englobando toda mi cabeza. Una sensación de presión constante mezclada con
pinchazos pausados que convierten en algo incómodo el seguir despierto. Veo
unas luces y cierro los ojos, entonces se desencadena un dolor mayor que se
torna en insoportable. Cualquier mínima luz o destello parece un foco intenso
que provoca que el dolor aumente. Aprieto fuerte mi cabeza pero nada cesa, ni
siquiera el dolor minimiza. Siento que estoy lejos, los pocos ruidos que había
en la sala se oyen lejanos y ausentes. Estoy allí y a la vez no estoy, es difícil
de explicar. Comienza a producirme un agobio intenso y la angustia me ahoga
hasta sentir que se me hace un nudo en el corazón, es como si rebosase un vaso
de agua y comenzase a caer lentamente, como una manta asfixiante en verano. No
puedo alejarme de ese agobio y de ese dolor.
Sin más, recuerdos de Finnick intentando abalanzarse sobre
Colin despiertan mi mente y hacen que me pregunte que ocurrió. Intento alejar
un poco el dolor sintiendo un pinchazo aún más profundo, como si pensar
doliese. No me había parado a pensar en lo que había ocurrido la anterior vez
que desperté. Quiero abandonar ese pensamiento para que cese el dolor que
padezco. Intento centrarme en la calma que me impregnaba hacía escasos minutos.
Abro lentamente los ojos y respiro hondo, noto como el aire llena mis pulmones,
de nuevo.
Recuerdos, una vez más, del escozor de mi herida, de lo
ocurrido en la Arena, de las máquinas que me rodeaban. Y lo pienso,
detenidamente, el fuerte dolor de mi estómago ha desaparecido. Me llevo la mano
a la herida y compruebo que está casi cerrada. Debo llevar mucho tiempo
enchufada a las maquinas del Capitolio, no tengo cortes, ni heridas, mis marcas
han desaparecido. Reconozco el buen trabajo de estas pero ver tantas a mí
alrededor hace que me sienta encerrada en una especie de hospital y de nuevo,
la habitación se vuelve fría en vez de acogedora. Los pequeños ruidos que salen
de ellas, entremezclados con pitidos rítmicos y molestos, hacen que el silencio
de antes parezca lejano. Estoy recuperando los cinco sentidos, me noto más
centrada y, me fijo con más detalle en el sitio que me rodea apreciando los
detalles de la habitación.
Al final, haciendo más caso a mi instinto que a mi cabeza y,
dejando por una vez la fría lógica y el sentido común a un lado, me incorporo
con cuidado. Noto algún pinchazo pero nada comparado con la sensación que sentí
cuando me moría, sensación que agradezco no tener que repetir. Decido sentarme,
mis piernas cuelgan de la camilla. Miro mis brazos, tan perfectos como antes de
ir a los juegos del hambre. Bueno, tal vez perfectos no sea la palabras pero
desde luego es agradable no ver heridas cada dos centímetros de los mismos. Llevo
una pulsera blanca en la muñeca. No logro entender la letra, por lo que no
puedo leer lo que lleva escrito. Un dato más que me proporciona preguntas en
vez de respuestas.
Si me paro a pensarlo detenidamente parece tan irreal, aún
no me creo que nos hayan rescatado. Siento como si todo esto fuese un sueño. Y
de nuevo, vuelven mis dudas acerca de que tendrán planeado ahora. Quizás
ataquen a Panem, al gobierno, o tal vez simplemente todo ha acabado.
Estoy incorporada, tengo que esforzarme más al respirar en
esta posición, pero sigue siendo reconfortante. Miro a mí alrededor de nuevo y sigo
sin ver a nadie. Busco con la mirada alguna persona conocida pero en esta
habitación, a parte de una débil chica sentada en una camilla, solo hay
máquinas, medicamentos, y otros materiales de enfermería o medicina.