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miércoles, 19 de junio de 2013

Relato 57




¡Hoy os traigo el capítulo 57!

Lo primero, cero comentarios sobre los exámenes,  en serio. No quiero pensar en ello ;)

El caso es que por fin, no preguntéis como, he sacado un rato para salirme del planner trayéndoos un capítulo sorpresa. Pensaba programarlo para el viernes pero aquí estamos… Os parece bien ¿verdad?

No tengo tiempo físico, estoy durmiendo nada pero estoy hiperactiva así que he llegado y lo he escrito hoy, publiqué hace una semana exacta, así que supongo que está bien. No he respondido a los comentarios aún pero si me sobra tiempo de estudiar lo haré. Espero que os guste, y os quedéis con ganas de más pero esta vez más tranquilos porque no sé cuándo podré publicar. Este capítulo es en verdad, mucho más largo que otros, disfrutad de cada palabra.

Os dejo un par de avisos…

ü  Encuesta muy importante que algunos ya habéis respondido en la entrada (vuestras respuestas son… indescriptibles) y los que no, en la nueva página podréis hacerlo: click aqui

ü  Como ya dije, el twitter vuelve a pertenecer solo al blog. Los avisos se harán por él cuando pueda por comodidad.

ü  EL DÍA 23 DE ESTE MES, ES DECIR, EN 4 DÍAS EL BLOG HACE UN AÑO. OS LO RECUERDO… UN AÑO ES MUCHO TIEMPO YA…


Eso es todo por hoy, disfrutad del capítulo, espero que os guste.


A.

***


Y entonces mi corazón se acelera. Toda la burbuja que se había creado a mí alrededor estalla. Mi respiración se acelera y noto como me tiembla la mayor parte del cuerpo. Creo que son imaginaciones mías pero levanto la vista. Él también se ha girado desconcertado. Su mirada es casi como la mía, una mezcla de asombro e incredulidad. Y entiendo que tal vez sea verdad, que no me he vuelto loca. Necesito comprobar que es cierto, que mi cerebro no me está jugando una mala pasada. Oigo una respiración, no es la de Finnick, no es la mía. Me giro desconcertada, veo como el pecho de mi hermano sube y baja con dificultad.


-No sonó ningún cañonazo-consigo susurrar- porque no había muerto nadie.


Finalizo la frase y me muevo deprisa. Pero no soy la única, Finnick se mueve casi tan rápido como yo. Levanta un poco su cabeza y le da de beber. Yo, mientras, enrollo un trozo de camiseta, para mojarlo y refrescar con el su cuerpo. Por un momento todo ocurre tan rápido que consigo centrar mi atención en algo, ya no somos nosotros los que movemos nuestros cuerpos, lo hace nuestro instinto, nuestro instinto de supervivencia. Ya no somos dueños de nosotros mismos.

Sigo oyendo la respiración. Eso me hace reír y llorar, de histeria, o tal vez de alegría. Ni siquiera yo misma soy capaz de entender lo que me ocurre. El cúmulo de emociones que se está desencadenando en mi interior es mucho más que algo indescriptible, es algo imposible. Y pienso que es un sueño, pero agarro fuerte su pequeña mano y compruebo que es verdad. Puedo rozar su piel, puedo tocar su mano, puedo sentir que el calor vuelve débilmente, puedo sentir que se mantiene vivo, que sigue a mi lado.


-Está vivo, es de verdad, está vivo…


Y con esas palabras oigo otros sollozos que no son los míos. Giro la cabeza levemente. Me pregunto por qué Finnick llora, pero no necesito respuesta, porque realmente lo único que me importa ahora es Gale. Porque es quién centra mi atención en este momento.

Me quedo mirando como su pecho sube y baja por miedo a que pare. Y los minutos pasan, las horas también. Quinientas teorías pasan sobre mi cabeza, pero solo una tiene sentido. Mi hermano está lleno se extrañas picaduras, las cuales no tienen muy buena pinta. Son mutos, seguramente lo hiciesen insectos creados por el Capitolio, es lo único que de verdad cobra sentido.

Me los imagino en un laboratorio, investigando la manera de crear un monstruo peor que ellos. Que haga tanto daño físico como emocional. Perdiendo horas y recursos en investigar formas de matar a la gente en vez de curarla, en vez de salvarlas. Recuerdo una frase que leí una vez en un libro de clase “el peor enemigo del hombre, es el hombre en sí mismo”. Y ahora se cuán de cierta resulta esa frase.
Eso hace que les odie más aún. Hace que piense que de verdad tienen el poder. Hace que crea que es mas culpa mía de lo que ya por sí imaginaba. Porque es su manera de demostrar que soy una pieza, solo una de sus juegos. Y lo odio, cada vez con más fuerza. Centro todas mis emociones en eso, como si lo único que pudiese sentir fuese ese odio que se cierne en mí.

Desvío mis pensamientos porque al pensar en el Capitolio me encuentro peor de lo que estoy. Así que pienso en algo más familiar, en mi casa, en el distrito 12. Pienso en la alegría que se habrá llevado mi madre, supongo que será tan inmensa como la mía. Porque en realidad, lo que yo siento no puede describirse con palabras. Simplemente he vuelto a nacer, vuelvo a estar viva. O por lo menos, hasta que pienso en cómo saldremos de esta.

Muevo la cabeza para despejarme y veo que Finnick le está dando la pomada a mi hermano. La aplica en cada una de sus picaduras con delicadeza. Debería ser yo quién hiciese eso pero mis piernas no responden a mis movimientos, mi cerebro no ordena lo que yo quiero hacer. Veo como le coloca en el saco y le deja con cuidado. Como si fuese tan frágil como el cristal. Después se mueve hasta donde están las provisiones y deja la pomada. Veo que comienza a hacer algo más pero yo apoyo mi cabeza en la pared y cierro los ojos trayendo recuerdos felices junto a mi hermano, porque los recuerdos es lo único que ahora mantiene viva mi esperanza, y lo único que en verdad, me mantiene viva a mí.

Un olor a comida haciéndose hace que mi estómago que había permanecido cerrado, haga un intento de abrirse. Noto con él, el escozor de mi garganta por lo haber bebido nada  durante tanto tiempo y trago saliva como si ello fuese a calmar la sed que tengo. Respiro hondo para calmarme un poco y alejarme de nuevo de la oscura situación que se vive ahora mismo a mi alrededor.


-Deberías comer algo- abro los ojos. Soy consciente de que Finnick sigue aquí a pesar de que me dijo que se iría, y lo agradezco, porque en parte, él también me mantiene con vida- Amy, no tienes por qué hablarme si no quieres, ya te he dicho que entiendo que me odies. Todo esto fue mi culpa.
-No fue tu culpa- me sorprendo a mi misma pronunciando esas palabras, pero supongo que necesito decírselo, así que no paro- ha sido el Capitolio. Ellos han hecho esto. Ellos nos han hecho esto.


Y si hay alguien más que sea culpable soy yo, pero eso no lo digo, prefiero callarme antes de entablar una discusión en la que comentaría que yo no tengo la culpa de nada. A pesar de que yo no estuve con Gale, como le había prometido. Fallé a mi promesa. Fallé a mi madre, a mi padre, a Haymitch y sobre todo, fallé a mi hermano. Y con todo ello, me falle a mí misma.


-Tienes que comer -repite cargándome sobre sus brazos. Me lleva hasta una hoguera improvisada que en otra ocasión apagaría corriendo para que otros tributos no la viesen reflejada fuera, pero que en esta ocasión agradezco por el calor que desprende ya que me hace sentir casi humana- he cocinado algo, quiero que comas Amy. Por favor.
-No puedo.
-Sí puedes y lo harás. Tienes que conseguir fuerzas para llevar a Gale a casa ¿recuerdas?


Una lágrima cae al pensar en ello. Porque ambos sabemos que no lo conseguiré. Pero accedo y asintiendo acerco un poco de carne a mi boca, reprimiendo mis ganas de vomitar la comida. Pero he de recuperar fuerzas para llevar a mi hermano a casa, sé que allí le curaran y todo volverá a ser como antes. Tiene que serlo.
Cuando acabo Finnick me está mirando. Él está tan destrozado como yo casi, y no ha dormido nada durante el día, al contrario que yo. Está agotado, yo lo sé, y él lo sabe.

Ojeras notables, morados por el cuerpo y heridas superficiales y aún así, es increíblemente apuesto. Resulta extraño que pueda serlo estando demacrado, pero la perfección no debe ocultarse con facilidad por lo que parece.
Siento la necesidad de hacer algo por él.


-Deberías dormir.
-No lo haré. Tengo que cuidaros.
-No te he pedido que lo hagas, Finnick.
No pretendía decir eso, se que le ha herido. No sé por qué actúo de esa manera, me arrepiento al instante de la brusquedad de mis palabras. Quizás Finnick tenga razón y le odie por lo ocurrido, quizás soy yo quien no quiere darse cuenta de que es así.
-Puedo irme si lo prefieres Amy, solo tienes que pedírmelo y lo haré.
-No quiero que lo hagas-las palabras salen secas pero sinceras, evito su mirada aunque lo que de verdad quiero es tumbarme entre sus brazos y olvidarlo todo- tan solo descansa.


Se levanta y se sienta al lado de Gale. Se queda observándolo.  <<¿Qué haces?>> pienso, y me acerco hasta donde están, colocándome en el lado contrario.


-Tú estás más agotada que yo. Duérmete, te despertaré a mitad de la noche. Hay que vigilar que no deje de respirar.

Discutir no servirá de nada. Así que decido quedarme observando también. Sabe que no dormiré, pero no insiste. Y yo tampoco insisto. El silencio invade la cueva y tres respiraciones son lo único que resuena. Y yo rezo en silencio, esperando seguir escuchando tres.

Pasan los segundos, su pecho sube y baja. Me relajo cuando ocurre. Pensando que si sigue así quizás se salve. Pero en el fondo sé que es imposible, como lo es el hecho de que algún día nos rescaten. Sé que en algún momento sonará un cañonazo y mi corazón se parará. Así que sigo pensando en silencio, evitando derramar más lágrimas. Ya han caído demasiadas a causa del Capitolio, me niego a darles más.
Vuelvo a mis pensamientos, lo hago calmada hasta que la oscuridad vuelve a ellos, y tiñe de negro la dulce esperanza que cabía en mi interior.

<<Mi hermano está muerto>>

No, no está muerto, pero a este paso morirá. Mi cabeza no para de discutir y la que oye esos pensamientos no es otra si no yo. Querría relajarme, dejar de estar enfadada, pero no puedo evitarlo. Y me pongo en lo peor como hago siempre, como lo he hecho hasta ahora.

¿Nunca podremos estar a salvo los tres? Si no es Finnick herido, es mi hermano luchando por su vida… Desearía morir y acabar con todo esto, desearía que a mí me pasase lo que le ocurre a ellos. Que la gente que me importa no tuviese que salir herida.

Necesito irme de aquí, lo necesito ya. Es la primera noche desde que mi hermano esta así y no puedo pegar ojo. Finnick se durmió hará unos minutos agotado de esperar. No le culpo por nada de esto, pero me culpo a mí misma. Por estar con él en vez de cuidando a Gale.

Tengo que alejarme. Decido salir de nuevo, con suerte esta vez llevaré algo de caza que nos pueda servir para más tiempo. No pienso salir de la cueva hasta que mi hermano... Realmente no me alejaré mucho más de lo necesario, pero no puedo estar parada, no si mientras estoy pensando.

Cojo mi arco, tapo la entrada, rutina que se ha convertido en parte de mí, en parte de esta vida rodeada de llamas. Salgo tranquila, relajada. Sujeto el arco con la mano pero sin fuerza, podría caerse en cualquier momento con facilidad. Sin ganas, recuerdo que he salido a cazar, pero me doy cuenta de que no estoy prestando atención al bosque.

Pero eso, es algo que yo ya sabía. Inconscientemente he actuado de manera egoísta, mirando por mí. Esa es la verdad. He salido porque no puedo quedarme parada y ver como Gale va perdiendo fuerzas hasta que no le quede ninguna. Porque si sigo ahí seguiré matándome por dentro, porque la culpabilidad no se irá pero su vida sí que lo hará, y no sé si quiero estar para verlo si no puedo evitarlo.

Esos pensamientos me atraviesan duramente, consigo parar de pensar y cuando quiero abrir los ojos estoy corriendo. Sin rumbo.

Sofocada, me paro jadeante bajo la protección de un robusto árbol. Echo las manos sobre las rodillas, con la respiración no sólo alterada por la carrera sino también por el miedo que invade mi cuerpo. No dejan de repetírseme destellantes imágenes de Finnick herido, de mi hermano muerto… Con manos temblorosas, me tapo los ojos en un intento de secar las lágrimas que no son capaces de salir. Me he centrado tanto en ser fuerte, en evitar todo pensamiento o sentimiento, en sobrevivir que ni siquiera soy capaz de sentir otra cosa distinta al miedo.

Pasado un tiempo me acurruco contra la corteza del rugoso árbol, apoyando la cabeza sobre este e intentando evadirme por unos segundos. Soplo mis heladas manos tratando de hacerlas entrar en calor, pero la noche es fría.  Pienso en silencio y contemplo el falso cielo que se alza sobre mí, a veces desearía volver a ver el acogedor cielo del doce bajo el cual jugué tiempo atrás. Oigo el inicio del himno de Panem y lo pienso, es el momento de revivir la pesadilla, de mostrarnos, por si no había quedado claro, el recuento de muertos que hoy han caído. Respiro agobiada pues no quiero verlas, días atrás aparecieron las caras de tributos a los que yo maté, y al verlas ahora me vendrán a la cabeza de nuevo esos momentos en los que acabé con vidas. Pero algo me obliga a abrir los ojos y observar. Así, una a una, voy revisando caras que antes tenían vida, recuerdo sus voces y pienso en las familias que ahora estarán llorando su perdida. Por supuesto, eso pasará tarde o temprano con la mía, pero prefiero no pensar en ello. Siento un vergonzoso alivio al saber que los míos no han aparecido arriba todavía, un suspiro al recordar a William, Joel y Cristina se me escapa, sin saber cómo reaccionaré al ver sus caras. -¿Faltará mucho para que aparezca ahí mi cara?- me pregunto temblorosa.

Estoy a punto irme, cuando lo oigo. Pisadas, bajo las cuales crujen ruidosamente las secas hojas y algunas ramas caídas. Así que, corro con energías que creía perdidas. Olvidando mi frío, olvidando mi tedio, olvidando mis miedos. Tal vez esta sea mi respuesta, mi respuesta a cuanto tardaré en aparecer en ese cielo. Lo único que tengo claro es que deseo alejarme de estos tributos sedientos de mi muerte, lo único que pienso es llegar hasta Finnick y Gale.

La negra noche debería ayudarme a camuflarme, a esconderme, a escapar, pero por algún motivo solo consigue ponerme más nerviosa, haciendo que me sienta más perdida. Las ramas me rasgan la piel con cortes superficiales que casi no se ven a simple vista. Tropiezo torpemente varias veces aun manteniendo el equilibro aunque acabo cayendo a causa de una raíz que sobresale del suelo. Ni si quiera la he podido ver, una sombra se materializa en la oscuridad mientras giro sobre mí misma. Mis manos son rápidas y agarran de nuevo el arco, recuperando una flecha que hay en el suelo. Tenso la cuerda y espero a que mi objetivo se acerque. Tan solo consigo ver una figura pero no tardo en lanzar la flecha. La figura no se mueve, no grita. Espero algo pero tan solo recibo silencio. Comienzo a preguntarme si fue todo imaginación mía y me acerco cuidadosamente.

Colocó el arco en la espalda para coger la flecha que está clavada en… una mochila. <<Trampa, trampa, trampa>> solo esa palabra rebota en las paredes de mi mente. Giro tan rápido como puedo cogiendo a la vez el arco pero recibo un puñetazo. Caigo al suelo por el inesperado golpe en la cara, un pinchazo recorre mi barbilla y llega hasta la sien donde se hace más fuerte. Voy a levantarme cuando noto la presión de una negra bota en mi muñeca. Quiero retorcerme del dolor que causa pero me mantengo serena y palpo la zona con la otra mano en busca de una roca o algo con lo que poder golpear. Antes de que pueda hacer nada me arranca el arco con dificultad y se encarga de lanzarlo lejos. La flecha que estaba en la mochila la deje a pocos centímetros y cuando caigo en la cuenta, mi mano es más rápida que yo misma y ya la sostiene con fuerza, llevándola hasta la pierna del tributo que tengo encima. Eso hace que grite y se zarandee un poco. El arrancársela me da la suficiente ventaja como para girar sobre mi misma y liberarme. Pero aunque debería correr, aunque la antigua Amy hubiese huido. Una ira y un odio que no consigo descifrar de donde viene se apoderan de mí y me obliga a lanzarme contra el tributo. Con fuerza caigo encima, consigo derribarla y tumbarla.

Estoy encima de la que ahora, reconozco como Cathy. La golpeo tan fuerte como puedo, una vez seguida de otra. Sintiendo un reconfortante dolor en mi puño, al chocar con su cara. Al principio se resiste pero me doy cuenta de que pierde fuerzas.

<<Yo no soy así>> y mis golpes cesan al pensarlo. Pero esto es la Arena, donde nos convertimos en animales. Herir o ser herido. Cazar o ser cazado. Jugar o perder. Matar o morir. No se trata de sobrevivir, se trata de cómo hacerlo.

Un golpe seco hace que regrese a la realidad, con pocas fuerzas Cathy se ha levantado, se apoya sobre una de sus piernas y se pasa la mano por el labio apartándose la sangre. Escupe y me mira con odio. Se lanza hacia mí y me da con la rodilla en el estómago, pero no reacciono con dolor. La golpeo seguidamente en la cara y con una patada en la pierna haciéndola retroceder y caer sobre la rodilla al suelo. Aún así no es suficiente, es más rápida y coge una roca, imitando mis pasos de antes, y me consigue golpear en la espalda y al levantarse, de nuevo recibo un golpe en el estómago. Hace unas semanas estaría muerta, ahora solo me doblo durante unos segundos del dolor. Pienso en la palabra caos mientras intento respirar. En la palabra desastre al sentir que podría no salir de esta. En la palabra esperanza al ver una borrosa imagen de mi hermano.

Sé que mis ojos están llorando porque a penas veo, pero eso no me impide llegar hasta Cathy. La golpeo con odio y la derribo, con el puño la golpeo tan fuerte como puedo una y otra vez. Un destello que viene de su cintura me hace comprobar que lleva un cuchillo. Mi mira rápido, leyendo mis intenciones y grita intentando librarse de mí. Agarro sus dos muñecas con una mano y con la otra alcanzo el cuchillo.
<<Somos animales. Somos supervivientes. Matamos para vivir. Tenemos que hacerlo>> me digo, herir o ser herido, cazar o ser cazado. Ella es la presa, yo el depredador. La locura me ciega, el odio me consume, el dolor me atrapa y la ira, la ira mueve el cuchillo hasta su garganta. Compruebo la sangre caliente que se derrama por mi mano.

Soy una asesina, nunca quise convertirme en lo que soy ahora.

Me odio a mi misma casi tanto como odio al propio Capitolio, ahora que mi hermano está muerto no soy yo. Parece que Amy se fue con él. Soy una sombra, consumida por el odio, apoderada por la ira. Y eso, no es ni mucho menos bueno.
Miro los ojos de Cathy que están abiertos y mirando a un vacio inexistente, como si la lejanía la salvara de la muerte. Veo su camiseta teñirse de rojo, la raja que hay en mi ceja hace que una línea de sangre también recorra mi cara.

Me quedo al lado de su cuerpo pensativa. Estoy delgada, mucho más delgada que antes, aunque mis brazos son más fuertes. Apuesto a que hay ojeras que cubren mi cara. Tengo heridas y moratones y sangre seca que cubre todo mi cuerpo y dolor, hay dolor por todo él.

Soy una persona cambiada, por fuera estoy rota, desgastada. Son solo heridas y sangre, pero sigo viva. En cambio, por dentro he muerto hace tiempo.


martes, 18 de junio de 2013

ENCUESTA IMPORTANTE DEL BLOG

¡HOLA A TODOS!

LJDH Continúan, es un blog, que cree más o menos hace un año. Exactamente el 23 de junio de 2012. Al principio ni siquiera pensé en escribir una historia tan larga. Tampoco pensaba crear un blog ni mucho menos, pero las cosas pasan, y aquí estamos. 

El blog tiene 151 seguidores con cuenta, los cuáles, no son ni un tercio de los lectores. Supera las 142.000 visitas. Y todo esto, sin ayuda, sin publicidad, sin un nombre conocido. Tan solo por vosotros, los que os metéis cada día haciendo click. Muchas veces he querido dejarlo porque me roba mucho pero es que era leer los comentarios o e-mails y no podía. Porque de verdad, vuestra opinión me importa. Por eso, ahora que se acerca el día en el que el blog cumple 1 año, quería pediros, ya que no os llevará más que unos minutos, que contestéis a esta encuesta.

Pondré la encuesta también en las páginas, espero que os haya gustado la idea, es por hacer algo distinto y en lo que además, podáis participar.



P.D: responded con sinceridad. Los típicos que contestan las encuestas sin saber nada, tan solo para marcar respuestas negativas y así desilusionar a la persona que la hace, absteneros de contestar por favor. Quiero gente que critique constructivamente, no que critique sin más.





MUCHÍSIMAS GRACIAS A TODOS :)

domingo, 9 de junio de 2013

Relato 56



¡Hoy os traigo el capitulo 56!

POR FIN. Lo primero, mil perdones. Era para el viernes, lo sé. Pero con exámenes y trabajos se me ha ido haciendo imposible. Me he puesto hace un ratín y lo he acabado. No está perfecto por las prisas, pero os prometo que el próximo será muchísimo más largo como recompensa a este :)

Agradeceros la cantidad de correos con felicitaciones que estoy recibiendo a través de andreaeverdeen@gmail.com, ya que el 23 el blog cumple un año.

Ya podéis ver que hay una nueva página, en la que hay un planner que intento seguir a no ser que pase como ahora... Podéis darle siempre que queráis para ver que hay en la nueva organización. 

Actualizaré las páginas cuando pueda, ya que las llevo un poco atrasadas. Al igual que los comentarios y correos. Pero CONTESTARÉ A TODOS, me encantan, lo prometo :)

Y bueno, como veis tengo muchísima prisa, he dejado todo a medias por ponerme a escribir y mañana es lunes. Así que agradeceros que sigáis leyendo esta historia, espero que no os decepcione, como os digo siempre. Vuestras opiniones sobre el capítulo anterior fueron más que increíbles y siento que este no vaya a ser igual pero el tiempo no me lo permite. Me encargaré de que el próximo quede más largo. Ese sí que lo escribiré el viernes o el jueves quizás pueda empezarlo :)

Y eso es todo, espero que os guste, espero vuestras opiniones.

P.D: espero no haberme repetido mucho, es que el tiempo… ais…









***




Noto el frío,  pero no noto el dolor. Se ha ido, ha desaparecido junto a mí. Pero sigo aquí, respirando, lo que me indica que estoy viva. Aún  así, no abro los ojos. No soy capaz de hacerlo. Como si mis párpados no recibiesen órdenes. Como si hubiese dejado de ser yo, como si ya no mandase sobre mí misma.

Me noto lejos, porque en realidad estoy lejos. Pero una voz me llama, cada vez que pronuncia mi nombre es como si me acercase.

-Amy, Amy vuelve por favor. Despierta.

<<Estoy dormida. Debo estarlo. ¿Qué ha ocurrido?>>

La voz sigue en mi cabeza, vacilante y cada vez, más y más fuerte. Siento que estoy apartada de todo. O más bien perdida, no me encuentro a mí misma, no soy capaz de volver a mí. Con un gran esfuerzo abro los ojos confundida. Realmente confundida.

Estoy acurrucada entre los brazos de una persona que me está acariciando con la mayor delicadeza posible. Levanto la mirada y me encuentro con unos ojos rojos y llenos de lágrimas.

-Amy, lo siento tanto. No tenía ni idea. Y no sonó ningún cañonazo, no entiendo cómo ha podido ocurrir. Tu insistías en volver y yo, yo te entretuve –su voz se corta, como si le doliese pronunciar esas palabras- puedes odiarme, se que lo haces.

<<¿Por qué iba a odiarte>>

No soy capaz de articular ninguna palabra. Sigo quieta, mirándole. No sé de qué habla ni que ha ocurrido. Siento una laguna en mí, intento recordar. Y cuando lo hago, un pinchazo de dolor viene. Leve, tan solo trae un recuerdo y se va. Un recuerdo que hace que gire completamente la cabeza y que me coloqué de pie apoyando mis manos en la fría roca del suelo para impulsarme.

Avanzo unos pasos y con cada paso abro más los ojos. Como si estuviese soñando, porque si fuese verdad dolería y no, no siento ningún dolor. Es más, no siento nada. Es como si fuese tan solo un cuerpo, uno sin sentimientos.

Caigo de rodillas. Y me quedo observando, porque es lo único que puedo hacer. Me pregunto a mi misma por qué no corro, por qué he abandonado tan rápido, por qué no hago absolutamente nada. Y no lo entiendo, es como si todo hubiese acabado. Pero tal vez sea así, todo ha acabado.

Soy incapaz de reaccionar. Mi cabeza ordena cosas que mi cuerpo no hace. Pero este es el juego. De esto se trata ¿no es así? Unos mueren, otros sobreviven. Un ganador. Un vencedor. Una vida a cambio de las demás. Sea cual sea el precio, sea quien sea el muerto. Es un juego, y todos los juegos tienen que acabar. El problema es que a veces, cuando el juego acaba, tú no eres quien ha ganado. Tan solo eres un perdedor, y aquí, aquí pierdes tu vida.

Y sin más todo me golpea en la cabeza. La entrada, la situación, el dolor y ese sentimiento de culpa. Y después, nada. Como si me hubiese apagado. Como si no sintiese más. El frio y el dolor se fueron, y quedé yo.

Noto como una mano descansa sobre mi hombre, y quiero apartarla. En el fondo quiero llorar y gritar. Quiero romper algo, e incluso, querría matar a alguien. Pero estoy ahí, de rodillas, callada y sin hacer absolutamente nada.

Finnick se agacha, y me coge la mano. Siento su calor y mi frío. Su tacto, ese contacto. Pero en mi no despierta nada. Ni una chispa, ni nada como lo que horas antes no cesaba en mi interior. Su mano dibuja círculos en la mía. Y vuelvo a ser incapaz de apartarla.

Pienso en mi madre, en mi padre. Pienso en Haymitch y en Gale. Incluso pienso en mi misma. Pero soy incapaz de encontrar nada, no hay nada en mí. Solo vacio, un gran vacío que se extiende.

Consigo tragar saliva y mirarle a la cara. Ojos cerrados y manos en la cabeza. Tan pequeño. Tan frágil. Tal dulce. Descansa acurrucado. En silencio. Descansa lejos de aquí.

Los recuerdos me invaden. Cómo jugábamos, como reíamos, como disfrutábamos de cada momento. Nos escondíamos en la casa cuando llegaba la hora del baño, nos escapábamos al bosque el primer día de la escuela. Siempre hacíamos todo juntos. Nada lograba separarnos, ni aunque fuese por unos minutos.

Yo le protegía, frente a todo. Cualquier mal, cualquier daño. Lo alejaba de lo que fuera que supusiera ponerle en peligro. Estaba siempre encima de él, atenta a cualquiera de sus movimientos. Porque era pequeño, porque era frágil. Porque quería evitar algo como esto.

Recuerdo la primera vez que le llevé al bosque. Nuestra madre se enfado tanto por escaparnos que al día siguiente no nos movimos de casa. Él corrió detrás de una ardilla pensando que podría alcanzarla, pero se cayó y se puso a llorar. Le cogí en brazos y le dije que no pasaba nada, y sin más se quedo dormido mientras sus lágrimas caían hasta mi hombro.

También recuerdo las tardes en el lago. Nuestros padres descansaban tranquilos mientras nosotros jugábamos en el agua. Gale tragaba mucha ya que no sabía nadar muy bien, pero no tardo mucho en aprender.

Recuerdo los largos inviernos. Como nos quedábamos dormidos con las historias que nos relataban nuestros padres. Dormidos en el suelo, con  el calor de la chimenea y abrazados como los hermanos que eramos. Recuerdo llevarle a clase cada mañana y despedirme de él como si no le volviese a ver. Quién diría que eso sucedería.

Alargo la mano, que tiembla tanto que parece que va a romperse. Rozo su pelo y su cabeza y acto seguido las lágrimas brotan. Todos los sentimientos escondidos aparecen. Es como si al desear que el dolor se fuese, lo hubiese hecho y se hubiese llevado todo con él. Pero todo vuelve, y cuando vuelve lo hace con más fuerza, intensificado. No se puede apagar la humanidad, está ahí, para hacernos daño. Porque ser humano es ser débil, porque ser humano es ser frágil, porque ser humano, significa que puedo romperme en cualquier momento. Aún así me muero la lengua para no derramar más lágrimas que quieren caer.

Me tumbo a su lado ignorando a Finnick y le abrazo como hacía cada noche para que se durmiese. Me quedo ahí llorando, perdiendo la noción del tiempo. No soy consciente de que Finnick se ha ido hasta que veo que estoy completamente sola. Sola es la palabra.

Vuelvo a acariciar a mi hermano. Me levanto a por unos botellines. No presto atención a nada. Es como si actuase en un mundo lejano en el que me muevo por moverme. Sin pensar en lo que hago o por qué lo hago. Mis pies se mueven lentos, mis manos son torpes. Me agacho y cojo los botellines. Voy hasta él, hay uno medio lleno con lo cual debió bebérselo tal y como le dije. Porque era obediente y se quedó esperando a que llegase. Solo que no llegué.

Grito de dolor y caigo de nuevo doblada sobre mis rodillas. Lloro una vez más y sin fuerzas el sollozo va cesando y me arrastro hasta mi hermano. Abro los botellines y con un trozo de camiseta comienzo a limpiar todo su cuerpo. Primero su dulce cara, sus brazos, sus piernas. Al acabar parece casi humano.  Pero solo lo parece.

Vuelvo a tumbarme a su lado y el agotamiento me consume hasta que consigo caer en el sueño mientras las lágrimas caen como lo hace el agua en una noche lluviosa y fría. Aunque he de decir, que más que sueño, encuentro pesadillas.

-Amy, despierta por favor. Me iré si quieres, pero tienes que despertar- oigo su voz, y pienso que es un sueño, por fin un bonito sueño, pero no cesa. No se calla. Continua.- Amy…

Abro los ojos y sobresaltada veo la figura de un Finnick desgastado. Ojos rojos y caídos, llenos de dolor, ojeras pronunciadas. Tiene un corte en el brazo el cual, ha ignorado. Se nota por el hilo de sangre seca que ha quedado en su fuerte brazo. Tiene el pelo alborotado. Intenta sonreirá con ternura, pero apenas me mira, cuando ya ha apartado la mirada.

-Que tengo la culpa y que me odias, son hechos evidentes Amy- abro la boca para decir algo pero las palabras no salen de mí, incapaz de pronunciarlas si quiera- te he traído algo de comer. Sé que ahora quieres rendirte, creí que así, por lo menos, no será el hambre lo que acabe contigo. También aseguré la zona, para que no tuvieses ningún encontronazo con otros tributos. Recorrí parte de la Arena y no me crucé con nadie. He pasado la noche pensando, y al final decidí acercarme para despedirme. Porque te mereces un perdón por lo que he hecho.

<<Tú no has hecho nada, ha sido el capitolio>>

Pero las palabras no salen.

Me da un suave beso en la frente, y distingo unos brillantes ojos que contienen las lágrimas. Y sé que quiero que se quede, porque ahora lo necesito. Y sé que no es culpa suya. Es más, me odio a mí misma, ni siquiera le odio a él. Pero me quedo callada y parada. Sin decir nada, tan solo consigo bajar la mirada porque odio ser la causante de esa mirada, del dolor que el mismo está sufriendo en silencio.

Se levanta y se va, veo que se aleja. Deja los cuchillos, deja la mochila. Absolutamente abandona todo. Incluso me abandona a mí.


martes, 4 de junio de 2013

Acumulación de premios



 ¡Hola a todos!

Estrada cortita con los premios que me habéis dado (¿os he dicho que sois increíbles y tal?) Bueno, de nuevo os traigo una acumulación que me ha ido llegando y retrasado la entrada una y otra vez...

Vale, no me entretengo más, posiblemente se me haya pasado alguno o tal vez varios, pero sois muchos. Recuerdo tener que responder preguntas en los diferentes premios y nominar o algo por el estilo. Espero que entendáis que ahora mismo no dispongo de tiempo para hacerlo pero que lo haré si saco unos minutos. Lo que no me parecía justo era no reconocer los blogs que me han dado los diferentes premios, así que aquí os dejo las direcciones de estos fantásticos blogs. Mil gracias a todos de verdad, me faltan #repito, pero sois un encanto :’)



Liebster award 










Al blog que nunca duerme




Los siete pecados capitales









miércoles, 29 de mayo de 2013

Relato 55


¡Hoy os traigo el capítulo 55!

En realidad estoy escribiendo el capítulo con 6 exámenes finales... así que milagro que esto se haya publicado.

Antes de nada, pedir a esa gente que EXIGE capitulo, que se abstenga de comentar. No pretendo parecer borde pero mencionar puntualmente que el llevar este blog me roba mucho tiempo y que tal vez, en parte, sea la razón de que mis notas estén bajando. Esto es solo una historia, fuera tengo mi vida. No sé si sabéis, los que exigís, que actualmente una nota puede definir tu futuro. Así que antes de venir con exigencias que carecen de modales, pensad un poco en lo que me juego yo. Y que a lo mejor, en vez de estar estudiando 4 horas por la mañana, las estoy gastando en esto. Y no exagero, muchos pensáis que llevar este blog es coser y cantar como se suele decir, pues siento desinflaros el globo y deciros que no es así. Antes de volver a hacerlo, pensar en que grandes y pequeños blogs han sido abandonados hasta el verano por estudios y que en cambio yo, sigo aquí. Pensad en eso la próxima vez. (Esto no es para todos, sino para los que carecen de modales al ‘’pedir’’ o más bien exigir un nuevo capítulo).

Además he estado mala hoy todo el día y anoche… por lo que, que este capítulo esté aquí es básicamente un milagro.

Deciros que a pesar de la espera, merezca la pena. Es un capítulo especial y lo notaréis porque es bastante más largo. Mencionaros que quizás no entendáis el final, pero en el próximo si que lo haréis.

Ya que llevo prisa el capítulo no ha quedado como me hubiese gustado pero aún así no creo que esté mal. Es más, espero ansiosa vuestras opiniones al respecto.
Todo va a dar un pequeño giro en la Arena, un giro a la historia. Es un capítulo especial no solo porque sea más largo, sino porque es el comienzo.

Creo que la tranquilidad ha acabado. Mucho había durado. Leed con atención y sacad conclusiones. Cualquier teoría podría ser correcta, ahora que en esta historia todo da la vuelta. No me entretengo, estad atentos. Cualquier movimiento podría ser incorrecto. Leed entre líneas, averiguar lo que ocurre. Cada palabra forma parte del puzzle.

Eso es todo por hay. Disfrutad de la lectura.






***


Después comenzamos a caminar.

El sol me agobia un poco y siento con facilidad que me quedo sin respiración con cada paso. La fatiga está comenzando a apoderarse de mí y eso es un hecho más que evidente. Los brazos me pesan y mis pies se están volviendo cada vez más torpes y lentos. Incluso si estoy con el brazo en la misma posición empiezo a recibir extraños calambres que hacen que tenga que moverlo.

Siento también, de vez en cuando, un ligero pinchazo que me recorre todo el cuerpo pero ni siquiera le doy importancia. Se lo que es, lo que significa. Es la Arena, que te desgasta cada día. Adelgazamos excesivamente porque comemos menos, nuestras manos dejan de ser tan suaves. Nuestros cuerpos se vuelven más ágiles pero a veces son demasiado pesados debido al cansancio. La Arena te envejece, se notan ojeras en la cara, por pequeñas que sean. Se te nota en cada movimiento y cada palabra. A veces estamos sucios, y por desgracia, los que nos escondemos entre los árboles del bosque solo podemos lavarnos al anochecer con la lluvia.

Al cansancio y a la suciedad te acostumbras, incluso tu estómago a pasar hambre, pero hay algo a lo que no te acostumbras con el paso de los días, a ocultar ese miedo que quiere salir. Porque saber que vas a morir es duro, pero no saber cuándo sucederá es aún peor.

Una parte de mí quiere tumbarse y descansar, sin nadie que le hable ni le moleste. La otra siente la necesidad de hablar con el chico que camina delante, porque es la única manera de distraerse, la única manera de salir de un mundo tan real y absurdo. De esta situación que carece de cualquier sentido, que para unos resulta dramática y por el contrario, para otros es más que cómica.

Camino con sencillez, un paso, después otro. Primero una pierna a la que sigue la otra. Sin detenerme. Cuanto antes lleguemos a la cueva, antes descansaremos. Es mi único pensamiento. Mi movimiento ya es involuntario, he dejado de pertenecerme. No soy yo quien manda, sino mi instinto. Me muevo porque sé a dónde tengo que llegar y porque sé que si me paro, no sobrevivo.

No hay que detenerse nunca, no hay que confiarse, herir o ser herido. Matar o morir. Son las reglas de la Arena. Es lo que te hace sobrevivir cada mañana. Es lo que te hará volver a casa.

Comienzo a pensar en cosas que no debería. Y cuando lo hago, siento que debería convertirme en la chica fría que demostraba ser. Porque mi frase lleva la verdad grabada a fuego, tengo miedo. El amor es peligroso, te nubla la vista, te desconcentra, hace que tus actos no sean los que quieres que sean de verdad. Te marca, te identifica, vive por ti. Hace a tu cerebro pensar en una sola cosa. Hace que dependas de ello, como si al quitártelo, dejases de respirar. Hace que te vuelvas loco, que seas capaz de hacer cosas inimaginables, aunque tu vida corra peligro al hacerlas. El amor es peligroso. Y en este momento siento que es así, que si nos atacasen y él muriese, quizás yo dejaría de respirar.

Estamos viviendo una pesadilla, esto es la guerra, ha dejado de ser un juego. Tanto dentro de la Arena, como fuera, las cosas están cambiando. La gente muere aquí, y pronto morirán fuera. Todo se moviliza, la llama atiza fuerte, esperando la ocasión de estallar y prender fuego a este mundo tan frágil y débil.

Los Juegos del Hambre ya no son simples juegos para mantener a la población en su sitio, ya no son tan si quiera una muestra de poder. Son un desafío, una amenaza directa que busca respuesta. Es solo un movimiento para empezar una guerra. Una chispa para que Panem arda entre llamas de muerte. Entre las llamas del Capitolio, y ni este, ni los rebeldes podrán pararlas. Será demasiado tarde. Es demasiado tarde. La guerra no existe ahora, pero existirá al acabar los Juegos. La guerra nos implica a todos, a los que morimos y a los que sobreviven.

Siento la necesidad de hablar para así mantenerme lejos de esos pensamientos. Porque una guerra significa la implicación de mucha gente que me importa, y ahora mismo pensar en eso, me hace débil.


-Si tuviésemos mentores tal vez esto sería mucho más fácil- miro a Finnick, nada más hacerlo, me siento estúpida. Mi manera de romper el incomodo silencio entre nosotros es ridícula y sin sentido, pero si seguía callada, pensando  sin más seria aun peor- quizás podríamos tener todo lo que quisimos sin riesgos, ya sabes, agua, comida, incluso algún arma...
-Puede que tengas razón, Amy. –Se queda un minuto callado, miro al suelo y noto como nuestros pasos van coordinados, no sé si él se dará cuenta. Si me concentro puedo oír el mismo flujo de respiraciones, como si fuésemos uno solo. Sus palabras llegan poco después, con un tono de voz algo curioso y una sonrisa tan solo de la comisura lateral que conozco lo suficiente, incluso demasiado- ¿Qué le pedirías? ¿Qué te gustaría que te mandasen?
-No sé, algo para mi hermano, algo que le mantuviese a salvo, ¿y tú?
- Nada
-¿Nada?- su respuesta me ha sorprendido, intento comprenderle, descifrar ese ‘nada’ pero no consigo entender por qué razón no pediría absolutamente nada. Le miro con más curiosidad que ninguna otra cosa, esperando su respuesta- ¿Cómo que nada?
- Teniendo en cuenta que estoy en la Arena, tengo todo lo que necesito.
- Finnick, tenemos comida y agua, un refugio, pero siempre puedes pedir algo, una medicina, un arma...
-No me refería a la comida cuando decía que tenía todo lo que necesitaba-me mira fijamente y me siento incapaz de apartarme de él, siento como su mirada sostiene la mía y soy incapaz de moverme ni un centímetro, está tan cerca que si me inclinase un poco le rozaría y eso me desconcentra- me refería a ti Amy.


Y en ese momento lo pienso. Pienso que a veces le odio, por saber decir en cada momento justo lo que necesitaría oír para sentirme mejor. Le odio por ser tan perfecto y por cómo me hace sentir cuando estoy con él. Le odio por hacerme sentir más viva cuando en realidad estoy muerta. Por verme hermosa cuando estoy sucia, rota y con rasguños más que notables. Por querer mantenerme a salvo, cuando a mí a penas me importa ya. Le odio sí, y no es justo porque él no tiene la culpa, pero es la verdad. Le odio en especial por no poder compartir un futuro, un futuro juntos.


-A veces me gustaría decirte que me pasaría el resto de mi vida contigo. –Cuando pronuncio esa frase mi voz se va apagando poco a poco como si me quedase sin energía, hasta que la última palabra es un tímido susurro. No sé porque le he dicho eso. No sé porque hablo, pero mi garganta pica, escuece y las palabras salen de ella con una sensación de alivio. Es la misma sensación del agua pasando por una garganta sedienta. Es como si las palabras que salen de mí fuesen tan sinceras que me curasen a su paso- A veces me gustaría decirte que me encantaría ir a la playa del 2, llevarte al bosque o enseñarte el lago al que me solía llevar mi madre de niña. Me encantaría visitar tu casa y que tu visitases la mía, como han hecho siempre la gente normal en los distritos. La gente normal que tiene la suerte de estar allí ahora.
-¿Pero?
-Pero luego recuerdo que no somos normales, que no tenemos la suerte de estar en nuestro distrito. -Nuestro paso es el mismo, ni siquiera hemos parado. La conversación es sincera, no va a ninguna parte. La estarán viendo millones de personas, quizás. Pero no paro, tengo la necesidad de hablar con Finnick. Aún así, evitamos la mirada, los dos sabemos como acaba esto- Y que aún, no sé cómo, pero tengo que conseguir que mi hermano vuelva a casa, y eso, ya sabes, implica que los dos...
-Chsss, no lo digas- ¿parece enfadado? No, dolido es la palabra que buscaba mi mente. Se para y se agacha a mi lado, apartando un mechón de pelo que cae en mi rostro. Intento mirar hacia mi derecha desviando la vista y concentrarme en otra cosa con la mirada completamente perdida. Pero es imposible concentrarme cuando el esta tan cerca. Cuando le miro a esos hermosos ojos, veo que han cambiado. Esa es la mirada que pone cuando intenta arreglar las cosas o intenta ayudarme. Quiere animarme, lo sé. Es una mirada suave, tranquilizadora e incluso algo bromista- Mirándolo por el lado bueno, no nos será difícil pasar el resto de nuestra vida juntos. Será una promesa fácil de cumplir teniendo en cuenta que no sabemos cuánto tiempo nos queda.
-Tributo estúpido
-Mirarme-y aunque quiera, no puedo evitar hacerlo- yo te prometo Amy, que pasaré lo que me queda de vida a tu lado, que no me cansaré ni un solo minuto de intentar convencerte. Y cuando llegue el momento sabré que al menos lo intente y podré irme tranquilo sabiendo que tu hermano volverá a casa. Y que, aunque a mí me duela en parte, eso a ti te hará feliz.
-A mí también me dolerá en parte.
-¿El qué?
-Perderte


Siento la presión de sus manos. Como una se entierra en mi cabello y la otra empuja con fuerza mi espalda a su pecho. Sinceramente podría quedarme allí para siempre, deseando que ese momento sea eterno.

Sé que ha acabado cuando me da un beso en la frente, no sé cuándo exactamente hemos comenzado a comunicarnos sin hablar, pero le entiendo. Ese beso significa que todo estará bien, significa que debemos continuar, así que emprendemos el camino de nuevo.

Los minutos pasan y se pegan a mi cuerpo como el calor. Siento que la camiseta está sudada y que no avanzamos. De vez en cuando sigo el procedimiento y subo a un árbol para comprobar que estamos a salvo.

Lo cierto es que no tardo si quiera unos segundos en llegar a la parte alta de los árboles. Parece que mi rutina diaria ya forma parte de mí y eso me empuja a una mayor agilidad. Ya no me cuesta, ya no noto el dolor en las manos. Simplemente subo, y lo curioso, es que cuando estoy arriba del todo, me siento libre por una milésima de segundo.

Bajo con cuidado al haber visualizado la zona. Finnick está con un pie apoyado en el árbol, y la otra pierna recta. Al ver que bajo me sonríe, me dan ganas de gritarle y preguntarle por qué no estaba vigilando, pero sé que si no lo hacía sería por algo. Él no nos pondría en peligro, así que me relajo y le devuelvo una sonrisa torcida.

Caminamos de nuevo, siguiendo nuestro camino. No debe quedar mucho para llegar, pero el cansancio que arrastro puede conmigo. Veo la larga explanada que se extiende justo antes de llegar  a la ladera de los matorrales. Siento la necesidad de correr y llegar cuanto antes. Pero Finnick es más precavido y se asegura de inspeccionar la zona antes. Cuando comprobamos que todo está solo, seguimos avanzando.

Decidimos parar dos minutos a la sombra de un árbol metidos hacia el bosque. Un desnivel nos da ventaja y nos colocamos debajo de él para mantenernos ocultos por si acaso. Apoyamos nuestras espaldas y descansamos estirando las piernas. Tengo los músculos tan tensos que siento que si los golpean se romperían sin más.

Finnick  me hace una señal que entiendo fácilmente. Si estamos cerca de la cueva podemos gastar el agua que tenemos, o al menos un poco para saciar nuestra sed. Le paso a él primero el botellín que al contrario que otras veces, cede y bebe en primer lugar. Cuando siente que es suficiente para mantenerse, me lo pasa. Veo que ha sido poco lo que ha bebido, y yo hago lo mismo para mantener el agua el mayor tiempo posible. Aún así, es una tontería no beberla teniendo en cuenta los botellines que hay en la cueva así que insisto en que beba más y al cabo de un rato, acaba cediendo.

Mojo un poco mi mano y refresco mi nuca y mi pecho, el calor me está matando, consumiéndome poco a poco y esa sensación al refrescarme es como respirar de nuevo sin esa manta asfixiante. Finnick imita mis movimientos mojándose la nuca y la frente.

Sentimos la necesidad de quedarnos un poco de tiempo descansando. Como si hubiéramos corrido durante horas, aunque no lo hayamos hecho. Apoyo mi cabeza y cierro los ojos. Finn comienza a dibujar círculos en mi mano pero de repente cesa, eso me obliga a abrir los ojos, vacilante, y mirarle. Su expresión es extraña, antes de que pueda preguntar se lleva un dedo a la boca en señal de silencio. Se oyen unos pasos.

Finnick se asoma cuidadosamente y comprueba que efectivamente hemos oído bien. Me levanto y veo tan solo a un tributo, no sé si alguien le acompaña porque Finnick ha hecho que me agache de nuevo.


-¿Ahora qué hacemos? Puedo ver a un tributo unos metros, necesitamos pasar por ahí para volver a la cueva.
-Bueno, yo tengo un arco. No se tu pero yo, yo quiero ver a mi hermano y la única forma de llegar es pasando por ese tributo. No pienso correr el riesgo de que siga por esta zona, estamos cerca y eso implica poner en peligro a Gale así que saldré ahí y luchare hasta que suene un cañonazo, el suyo o el mío.
- No pienso dejar que hagas eso
-Tampoco te he pedido que lo hagas
-Amy, de aquí no te mueves.
-Mi padre siempre ha dicho que soy muy cabezota- Me levanto pero Finnick es más rápido y tira de mi hacia abajo tapándome la boca
-Agáchate-se queda unos segundos callado, escuchando atentamente pero sin soltarme a pesar de que lo intente. Decido parar y hacerle caso porque al fin y al cabo, es realmente lo más sensato, el se levanta para comprobar que ocurre, simplemente pronuncia dos palabras- se va.
-Está bien, déjame ver- asomo la cabeza un poco y compruebo que se aleja en dirección contraria. Me rindo- esta vez no habrá lucha.


Nos levantamos y continuamos caminando. Me pregunto cuando he cambiado, cuándo he comenzado a no preocuparme por luchar, cuándo luchar ha sido mi primera idea, incluso antes de huir.

Finnick señala algo. Por fin veo los matorrales de lejos, ha sido largo. Demasiadas horas fueras, demasiado tiempo sin abrazar a Gale. Una sonrisa me viene al saber que le veré en pocos minutos. Entraré a la cueva con todo lo que hemos conseguido y podré preparar mucha comida para que recupere fuerzas, para que coma hasta que siente que está completo. Aceleramos el paso sin darnos cuenta. Dejamos poco a poco la explanada atrás, no estoy atenta a ruidos ni nada porque las ganas de llegar son más grandes que mi prudencia. Finnick agarra mi codo empujándome hace delante en señal de apoyo, y cuando llegamos sonreímos agotados. Pienso comer, sentarme, descansar y dormir durante varias horas. Pero también quiero jugar con Gale, necesito a mi hermano pequeño a mi lado por lo menos un par de minutos.

Él retira los arbustos y yo entro la primera. Oigo como coloca las ramas de nuevo, lentamente. Puedo escuchas cada uno de sus pasos acercándose, noto como entra y aunque no le veo, sé que está sonriente de estar aquí de nuevo. Pero yo no, porque cuando él choca contra mí, ya que me he parado, yo estoy lejos. Estoy demasiado lejos.


-¿Qué ocurre? ¿Por qué te has…-su frase se corta al adelantarme y ver lo mismo que veo yo, me mira con los ojos muy abiertos y solo una palabra sale de él, una que ni yo puedo decir- no…


Durante un segundo eterno, todo se vuelve negro. Todo suena distante, como si estuviese bajo el agua. Y a pesar de que mis ojos están más abiertos que nunca, no son capaces de ver absolutamente nada.

Siento que me tiemblan las manos y no soy capaz de apartar  la vista, el temblor se hace más y más fuerte y se extiende por todo mi cuerpo. Cuando llega a mis piernas siento un cosquilleo que me avisa de que perderé el equilibrio y caeré. Pero no me importa. Creo que nada me importa ahora. Esto es culpa mía, lo sé por esa voz interior que me está quitando la respiración como castigo. Noto que alguien me está cogiendo de los hombros y que me mueve para que despierte, pero no quiero despertar. No quiero enfrentarme a la realidad, no quiero enfrentarme a la muerte.
Sigo quieta con los ojos fijos, en frente de mi se colocan unos ojos color mar. Soy capaz de ver sus labios desde lejos, los cuáles, pronuncian mi nombre. Pero sigo lejos, demasiado y no puedo volver, ni siquiera quiero volver. Siento la necesidad de irme ya, que todo acabe, yo ya lo he dado todo y a cambio, también lo he perdido.

Quiero apagar mi llama, mi lucha, mis sentimientos. Dejar de sentir este dolor pero no para, cada vez se hace más intenso. Ni siquiera sé cuantos minutos estoy parada y lejos pero el dolor acaba trayéndome de vuelta, porque el dolor es más fuerte que yo. Porque ya no tengo fuerzas.

Me doblo sobre mi misma y hago un intento de colocar mi mano en mi corazón porque duele. Caigo de rodillas tan fuerte que noto como rozan en el suelo, pero a penas lo siento. No es más dolor que el que ya estoy sufriendo. No escucho nada, nada en absoluto. Me llevo las manos a la cabeza y agarro mi pelo. Comienzo a hiperventilar, con dificultad. Mi respiración se convierte en un sollozo que me ahoga y acaba saliendo un grito de mí. Las lágrimas caen y no muestro ninguna intención de pararlas. Quiero que caigan al suelo, que se entierren bajo él y que el dolor se vaya con ellas. Pero no lo hace. Me balanceo hacia delante y hacia atrás, hiperventilando, llorando y gritando. Porque duele, realmente duele.

El dolor es asfixiante, Siento que me ahogo y mi cabeza me dice que respire calmadamente, pero el dolor dice que no, que no lo haga, que no respire. El problema es que estoy de acuerdo con el dolor. Quiero dejar de respirar para que todo cese. Mi pecho sube y baja demasiado rápido, tengo que abrir la boca para coger algo de aire pero cuando lo hago grito. Me vuelvo a doblar sobre mi estómago ya en el suelo, agarro mi cabeza de nuevo pero unas manos me lo impiden. Están calientes, yo estoy fría, demasiado fría.

Esas manos me sujetan con firmeza, veo que alguien se baja y se coloca a mi altura, y comienza a abrazarme con fuerza. No veo nada por las lágrimas pero me imagino a mi padre, a mi madre, aunque sé que en realidad es Finnick. Él es el único que está aquí ahora.

Y yo lloro, lloro como si eso calmase el dolor. Me acaricia la cabeza y comenta que está bien, que todo está bien. Pero es mentira, yo sé que es mentira, porque siento como me estoy muriendo. Poco a poco.

El problema es que el amor mata, y si yo dejo de respirar, quizás él lo haga también.

Pero no puedo más, y noto que mis ojos se cierran y que las fuerzas se van. Noto que el frio que recorría mi cuerpo se relaja por el calor que aporta Finnick. Y sin más ya no soy yo, soy solo un cuerpo. Amy no está. Amy se ha ido. Amy ha muerto.