Seguidores

miércoles, 23 de marzo de 2016

Capitulo 12


¡Hoy os traigo el capítulo 12!

Este capitulo tampoco es de los más largos pero quería cortarlo aquí para no demorarme mucho tiempo escribiendo el siguiente y poderlo publicar cuanto antes. Había escrito una página más pero prefiero guardarla para el siguiente y modificarla un poco, así además ya tengo una pequeña parte del 13 escrito.

De nuevo, os copio lo que dije en el capitulo anterior. Os sigo invitando a participar enviando vuestra portada para el PDF de LJDH continúan, y como siempre, daros las gracias por vuestros 'likes' en facebook, los seguidores de twitter, y los votos en wattpad. Y recordad que os encontraré si tuiteais con #LJDHcontinuan y otras muchas. ¡Ayúdanos a dar a conocer el blog! Toda ayuda es bienvenida.

Espero que disfrutéis mucho del capitulo e intentaré pensar en qué hacer para publicar más a menudo, ¡Os leo en los comentarios, correos y redes sociales con mucha ilusión! ¡Gracias por seguir por aquí! Que la suerte esté siempre de vuestra parte.





.



De repente siento hambre, suena irónico que lo diga pero me agrada tener esa sensación. Hasta ahora lo único que he sentido ha sido dolor desde que me rescataron. El concepto de dolor estaba empezando a cambiar en mi mente. Los dolores nuevos los siento con intensidad, pero apuesto que un corte ya me duele mínimamente, como si me hubiese acostumbrado. He intentado pensar que el dolor es psicológico y centrarme en otra cosa para calmarlo, pero no siempre funciona.

Mis tripas suenan exigiendo dejar de estar vacías. Siempre he odiado ese sonido, sobre todo en público, hace que me sonroje débilmente. O, al menos, eso creo. Siento que las orejas me empiezan a arder seguidas de los pómulos, y por unos segundos quiero desaparecer. Suerte que estoy sola.

Soy consciente de que debería quedarme aquí pero estoy aburrida y hambrienta. Además, no puede decirse que sea una chica a la que le gusta estarse quieta, parada y sin hacer nada. Más bien, para bien o para mal, soy todo lo contrario. Supongo que ya he reposado bastante, y si no es así tendré que autoconvencerme de ello para no sentirme tan culpable. Estoy ansiosa por salir de aquí.

Con cuidado saco las agujas que atraviesan mi piel hasta llegar a la vena. No duele pero resulta algo molesto. Noto la tirantez de la piel y un poco de presión en la zona de alrededor de la misma. Al sacarla presiono con una gasa que había en una mesilla situada al lado de la camilla, junto a otros muchos aparados que no sé para qué pueden servir. Presiono con fuerza durante un rato, viendo como deja un punto de sangre en ella. Finalmente la retiro con cuidado y observo que no siga saliendo sangre, tras comprobarlo, dejo la gasa en la camilla. Me quito también los aparatos que están conectados por todo mi cuerpo. Parece mentira que un circulo tan pequeño imponga tanto respeto. Me hace sentir débil, enferma, vulnerable. El simple hecho de llevarlos hace que me sienta desprotegida. Los retiro notando como se despegan de mi piel, con cuidado los dejo a un lado de la camilla. Tocar este material me hace pensar en qué hubiese hecho si no nos hubiesen secuestrado. En qué querría ser en la vida, quizás enfermera o médico. Miro la gasa con un poco de sangre y no me produce ninguna sensación. Mi madre en cambio odiaría  tener que trabajar con estos materiales que a mí me parecen incluso interesantes. O quizás no, me llaman demasiado la atención los aerodeslizadores y las nuevas tecnologías que en los últimos años han aparecido en el capitolio. Tal vez lo mío fuese algo de esas ramas, o tal vez simplemente me dedicase a cazar con mi arco un par de ardillas hasta que alguien decidiese por mí. Es ridículo pensarlo, porque ahora he cambiado, aunque todo volviese a la normalidad no sabría qué hacer para volver yo a la normalidad.

La camilla está fría como el hielo, lo sé porque a veces mi piel roza sitios en los que no está cubierto el metal. Busco unas zapatillas porque imaginar pisar el suelo descalza me produce un hormigueo y una sensación de frío molesto, aunque no es la misma sensación que produce el frío metal. Por suerte, veo unas colocadas debajo de una silla. Me bajo de la camilla y noto el frío en mis pies, justo como había pensado. Un escalofrío recorre mi cuerpo de abajo arriba, noto como la piel se torna a algo que no sabría describir con exactitud. Es una sensación molesta en la que en los muslos parecen clavarse o salir de él minúsculos cristalitos. Desagradable , pero a la vez no.

Muevo los pies en el sitio para acostumbrarme, camino lento y me agacho a por las zapatillas, al hacerlo un dolor intenso aparece en mi estómago. Decido que lo mejor es sentarme unos segundos, antes de que uno de mis mareos aparezca tornando mi visión en negro y haciéndome perder la poca fuerza que tengo. Me las pongo con cuidado y noto que el calor vuelve a mis pies lentamente. Me visto con una bata que encuentro posada en la misma silla, me miro en el reflejo de uno de los armarios el cual supongo que contiene algunos de los medicamentos que guardan en la habitación. No sé si parezco una enferma o una enfermera, pero agradezco no sentir los brazos desnudos. Me recuerdan a las vías que tenía antes, o peor, a la sangre que ha corrido por ellos en la Arena.

Abro la puerta de la extraña habitación en la que estoy metida, he de decir que he perdido fuerza pues la puerta me pesa bastante. Al cruzar la puerta siento que estoy en otro mundo. Los pasillos blancos y luminosos contrastan con el triste gris de la habitación. Echo un último vistazo antes de cruzar el umbral de la puerta y sigo mi camino.

Ha andado antes por pasillos de aerodeslizadores en viajes hacia el Capitolio para algunas reuniones de mi madre, pero esta vez es diferente. Parece que hayan pasado años desde que pisaba uno de dichos pasillos, es como estar en otro sitio diferente, en otro tiempo. Nada ha cambiado pero todo se ve distinto. Quizás lo que es distinto somos mi perspectiva y yo, me siento extraña en un lugar que debería resultarme más familiar y cercano que el sitio en el cual me encontraba hacía apenas unos días. Aunque carezco de pleno conocimiento sobre la fecha a la que me encuentro, quiero creer que no haya pasado más de una semana.

Camino lento y ayudándome de la pared. Mis piernas parecen frágiles ante la acción de caminar. Tengo miedo a caerme y por ello prefiero ser previsora. Recorro uno de los pasillos blanco en busca de algo o de alguien pero parece no acabar nunca. Es como un laberinto. He seguido recto hacia la izquierda, encontrándome con algunas puertas cerradas necesitando un fichero para entrar. Después he girado a la derecha pensando que tal vez en esa dirección me cruzaría con alguien, pero de nuevo nadie había aparecido. Pienso en volver atrás pero no quiero enchufarme otra vez a las máquinas como si mi vida hubiese acabado y tuviese que estar descansando todo el día. Así que continuo andando, sin saber hacia dónde voy, girando por el primer sitio que me parece cuando se terminan los pasillos rectos. Intento comprobar las puertas pero ninguna se abre. Parece que esté sola en este aerodeslizador, en algún momento ha de aparecer alguien. No creo que haya tan poca gente para no encontrarme con nadie si ando durante un rato más.

-¿Amy? –al principio creo que me lo he imaginado, me cuesta reaccionar pero es la voz de Finnick. Me giro inmediatamente y veo en el pasillo rostros que reconozco enseguida, Colin, Haymitch, Gale… Por fin he encontrado a gente, y no a cualquier persona, son rostros familiares, cálidos, cercanos. Rostros que conozco perfectamente y que tiempo atrás pensé que no volvería a ver nunca. Apoyada en la pared inicio el camino hacia ellos, lentamente. Voy a decir algo pero la voy de Haymitch se adelanta, con un gesto de mano que parece darme a entender que no diga ni una sola palabra.
- ¿Se puede saber qué haces de pie? ¡¿Qué haces por los pasillos?! –sus gritos resuenan e incluso se llega a oír un leve eco, anonada mi expresión facial debe ser una mezcla entre alegría, sorpresa y confusión, aunque no se por cal de esos sentimientos apostaría más fuerte, no se me ocurre otra cosa que intentar explicarme pero no me deja opción- ¡¿Acaso no sabes lo grave que estas?! ¿Te has parado a pensar con esa cabeza que pareces tener de adorno lo que te puede ocurrir si te mueves?
- Haymitch desperté hace un rato, intenté no moverme y permanecí en la camilla el tiempo que pude, resistiéndome a levantarme. Cuando pasaron unos minutos me encontraba mejor y solo quería buscar a alguien. Tenía bastante hambre, la garganta seca, estaba sola con un montón de preguntas atormentando mi cabeza así que pensé que…
- Lo siento, lo siento preciosa –me corta. Su tono es tranquilo y cálido, a la disculpa le rodea una preocupación que no molesta en ocultar. Finnick me observa sin moverse, como si estuviese viendo a un fantasma, Haymitch viene y me da un abrazo, me sorprendo al ver una lágrima recorrer su rostro. Una sonrisa débil se me escapa y él me da un beso en la frente intentando aclarar lo que había ocurrido- perdóname, estaba tan preocupado. Sé que no debería haberte gritado así pero ya conoces mi genio, no sabes lo que me alegra tener a mi pequeña de vuelta aquí.

-Yo también me alegro de estar de vuelta Haymitch.

domingo, 6 de marzo de 2016

Capitulo 11




¡Hoy os traigo el capítulo 11!

Este capitulo que está maldito, o algo por el estilo ya que es la tercera vez que lo escribo, al fin está aquí. ¿Lo peor? Que a mi no me gusta. Creo que es un poco más largo de lo normal, lo he cortado aquí porque si no quedaba muy largo. Espero que disfrutéis de él y no olvidéis que podéis debatir sobre qué va a ocurrir o no, es divertido leeros.

De nuevo, os copio lo que dije en el capitulo anterior. Os sigo invitando a participar enviando vuestra portada para el PDF de LJDH continúan, y como siempre, daros las gracias por vuestros 'likes' en facebook, los seguidores de twitter, y los votos en wattpad. Y recordad que os encontraré si tuiteais con #LJDHcontinuan y otras muchas. ¡Ayúdanos a dar a conocer el blog! Toda ayuda es bienvenida.

Espero que disfrutéis mucho del capitulo e intentaré pensar en qué hacer para publicar más a menudo, ¡Os leo en los comentarios, correos y redes sociales con mucha ilusión! ¡Gracias por seguir por aquí!





.




Despierto de nuevo, me noto más recuperada. Esta vez no me mareo ni noto mi cuerpo extraño. Parece que la pesadez se ha ido, tan sólo noto los músculos un poco cargados, como si hubiesen estado tensos durante un tiempo prolongado. Respiro lentamente, disfrutando de la sensación del aire que entra llenando mis pulmones. Noto como mi tórax asciende y desciende lentamente, dejando atrás una sensación relajante que me hace sentirme bien, sana y lo más importante, viva.

Veo como la fría habitación se despliega ante mis ojos mientras intento aclarar mis ideas. La habitación está tan vacía, solitaria, me recuerda al final de algo. Tal vez lo sea, el final de esta pesadilla.

No puedo evitar sentir una profunda sensación de pérdida, aunque por alguna casualidad del destino todo hubiese terminado. Por desgracia, no creo en las casualidades ni en el destino. Mi mente trabaja deprisa, no soy capaz de esquivar el caos que se reúne en mi cabeza, las imágenes de la Arena pasan por mis ojos desgarrándome por dentro. Intento liberarme de esas visiones apretando los ojos hasta que siento un pequeño mareo producido por la intensidad y mi esfuerzo por escapar de la realidad que me atormenta.
Debería pensar que soy afortunada, por estar viva, por haber escapado de aquel horripilante sitio pero, no me siento así. Es exactamente esa sensación de incertidumbre la que me atormenta. Qué creer, qué pensar y por tanto, como actuar. El camino fácil es confiar en que todo va a salir bien, dejarme llevar por los pocos pensamientos positivos que ahora mismo viven en mi más profundo interior. Por alguna razón que se me escapa, soy incapaz de hacerlo. Mi cabeza se ha vuelto fría y lógica, lo que hace que busque razonamientos para todo lo que ocurre, que calcule cada movimiento y cada decisión, intentando protegerme de un daño que acabará resultando inminente. Si hasta ahora habían pasado todas aquellas cosas, quién podía asegurar que está vez fuese diferente.

No creo que vaya a salir bien, nos han rescatado, pero eso es tan solo uno de los muchos movimientos que has de hacer si quieres ganar la partida de ajedrez. Y este hecho que se escapa de mi entendimiento, me desconcierta, el querer pensar una cosa pero acabar irracionalmente dirigiéndome hacia la contraria. Sin saber por qué, plasmo la realidad como algo oscuro llegando a una conclusión que es lo único que me parece claro, nada puede salir bien si el responsable de esto sigue con vida. Y no puedo evitar preguntarme si ese desgraciado sigue con vida.
No me siento precisamente afortunada, y que consiguiesen rescatarnos sin problemas no me inspira demasiada confianza. Un gobierno alternativo que lleva años planeando un acto como este no ha podido dejar que escapemos sin represarías. Quizás solo está siendo negativa, pero no soy capaz de ver este mundo de otra manera. Una red de hechos profundamente meditados y entrelazados, historias de esperanza, y por otro lado, de venganza. Sentimientos como el dolor o la ira, que mueven un plan sin futuro pero con muchas pérdidas. Una oportunidad tan meditada debía tener previsto que pudiesen sacarnos de la Arena, lo que les llevaría hacia otro plan, como si todo esto ya estuviese calculado. Es posible que nunca lo hayamos visto, pero siempre han estado ahí, enterrados en la superficie, escondidos entre nosotros, ¿de quién debemos fiarnos? ¿Qué tengo que hacer?.

Ante tantas preguntas sin respuesta, suspiro, agradeciendo la calma que existe en la habitación. Comienza a parecerme más acogedora que fría.  Es totalmente lo contrario a lo que puedo encontrar en mí. Sin caos, tan solo calma. Se puede escuchar casi el silencio. Intento centrarme en él, disfruto de la sensación de bienestar que me produce un poco de tranquilidad. Me concentro en mis respiraciones, profundas, hasta ser capaz de notar las palpitaciones producidas por el latido de mi corazón. Tan rítmico y sincronizado que produce una agradable sensación sugiriendo que nadie ni nada puede variar este momento, por fin estoy tranquila.
Bajo la vista y examino mi cuerpo, de nuevo. ¿Estaré capacitada para andar? Tal vez mis heridas me lo impidan. Soy presa de una impaciencia inenarrable, necesito responder mis preguntas, y no hay nadie aquí que venga a responderlas. Intento controlar el impulso que me incita a saltar de la camilla y apoyar mis pies en el suelo antes de comenzar una carrera hasta mi meta. De momento lo consigo, pero la necesidad de incorporarme es cada vez mayor.

Tengo la garganta seca, el cuerpo me pesa pero en realidad me encuentro mejor que la última vez que desperté.  Tras haber estado calmada por unos escasos minutos, siento un fuerte dolor en la sien, cruza hasta los ojos y termina englobando toda mi cabeza. Una sensación de presión constante mezclada con pinchazos pausados que convierten en algo incómodo el seguir despierto. Veo unas luces y cierro los ojos, entonces se desencadena un dolor mayor que se torna en insoportable. Cualquier mínima luz o destello parece un foco intenso que provoca que el dolor aumente. Aprieto fuerte mi cabeza pero nada cesa, ni siquiera el dolor minimiza. Siento que estoy lejos, los pocos ruidos que había en la sala se oyen lejanos y ausentes. Estoy allí y a la vez no estoy, es difícil de explicar. Comienza a producirme un agobio intenso y la angustia me ahoga hasta sentir que se me hace un nudo en el corazón, es como si rebosase un vaso de agua y comenzase a caer lentamente, como una manta asfixiante en verano. No puedo alejarme de ese agobio y de ese dolor.

Sin más, recuerdos de Finnick intentando abalanzarse sobre Colin despiertan mi mente y hacen que me pregunte que ocurrió. Intento alejar un poco el dolor sintiendo un pinchazo aún más profundo, como si pensar doliese. No me había parado a pensar en lo que había ocurrido la anterior vez que desperté. Quiero abandonar ese pensamiento para que cese el dolor que padezco. Intento centrarme en la calma que me impregnaba hacía escasos minutos. Abro lentamente los ojos y respiro hondo, noto como el aire llena mis pulmones, de nuevo.

Recuerdos, una vez más, del escozor de mi herida, de lo ocurrido en la Arena, de las máquinas que me rodeaban. Y lo pienso, detenidamente, el fuerte dolor de mi estómago ha desaparecido. Me llevo la mano a la herida y compruebo que está casi cerrada. Debo llevar mucho tiempo enchufada a las maquinas del Capitolio, no tengo cortes, ni heridas, mis marcas han desaparecido. Reconozco el buen trabajo de estas pero ver tantas a mí alrededor hace que me sienta encerrada en una especie de hospital y de nuevo, la habitación se vuelve fría en vez de acogedora. Los pequeños ruidos que salen de ellas, entremezclados con pitidos rítmicos y molestos, hacen que el silencio de antes parezca lejano. Estoy recuperando los cinco sentidos, me noto más centrada y, me fijo con más detalle en el sitio que me rodea apreciando los detalles de la habitación.

Al final, haciendo más caso a mi instinto que a mi cabeza y, dejando por una vez la fría lógica y el sentido común a un lado, me incorporo con cuidado. Noto algún pinchazo pero nada comparado con la sensación que sentí cuando me moría, sensación que agradezco no tener que repetir. Decido sentarme, mis piernas cuelgan de la camilla. Miro mis brazos, tan perfectos como antes de ir a los juegos del hambre. Bueno, tal vez perfectos no sea la palabras pero desde luego es agradable no ver heridas cada dos centímetros de los mismos. Llevo una pulsera blanca en la muñeca. No logro entender la letra, por lo que no puedo leer lo que lleva escrito. Un dato más que me proporciona preguntas en vez de respuestas.

Si me paro a pensarlo detenidamente parece tan irreal, aún no me creo que nos hayan rescatado. Siento como si todo esto fuese un sueño. Y de nuevo, vuelven mis dudas acerca de que tendrán planeado ahora. Quizás ataquen a Panem, al gobierno, o tal vez simplemente todo ha acabado.

Estoy incorporada, tengo que esforzarme más al respirar en esta posición, pero sigue siendo reconfortante. Miro a mí alrededor de nuevo y sigo sin ver a nadie. Busco con la mirada alguna persona conocida pero en esta habitación, a parte de una débil chica sentada en una camilla, solo hay máquinas, medicamentos, y otros materiales de enfermería o medicina.

jueves, 3 de marzo de 2016

A los tributos con twitter

Para los que no seguís la página de facebook del blog, acabo de publicar una propuesta. ¿Qué os parece?

Vamos a probar una especie de cadena en Twitter. ¿Os apuntáis? Tan solo tenéis que tuitear una idea de como salvar el blog, de como levantarlo (ya que está tan hundido como DiCarpio en Titanic), de qué hacer con él, para ello utilizad #LJDHcontinuan o #LJDHCvuelve. ¿Conseguiremos #pisarfuerte entre los seguidores para que se animen a participoar?

Así ademas podréis aportar todo lo que pensáis y que otros tributos os lean. 
Os pongo un ejemplo: que una persona que tenga tiempo o Andrea se encarguen de publicar cada semana un actor para un personaje (si es como la mayoría de tributos piensan, lo cual se puede ver con una simple encuesta, se agencia ese actor a ese personaje). Es una forma de que el blog siga activo cuando Andrea no pueda estar pendiente del blog #LJDHcontinuan #LJDHCvuelve. 
U otro distinto:
Que se dedique entradas en las que los tributos puedan hablar entre ellos de lo que piensan que va a ocurrir #LJDHcontinuan #LJDHCvuelve

A mi no se me ocurre nada pero, ¿a ti? ¡Cuentanoslo! ¡Grítalo en twitter! También podéis dar opiniones, conocer a otros que lean la historia, intercambiar finales que creáis que pueden ocurrir... es una buena forma de empezar a calentar motores hasta que redacte el capitulo 11.

sábado, 26 de diciembre de 2015

¡Felices fiestas!

Hola mis tributos, ante todo desearos una feliz Navidad y unas felices fiestas.

Esta entrada iba a ser la publicación del capítulo once el que ya avisé por redes sociales que estaba escrito.  Bueno, mi inmensa sorpresa al buscar mis carpetas en el portátil, y con ello el Word del capítulo de hoy, no están. El que para mí, había sido mi mejor capítulo descriptivo hasta ahora, ha desaparecido. Lo cual, no voy a mentir, me cabrea un poco. Pero bueno, ha sido peor perder cuatro trabajos que tenía que entregar después de navidades, me ha tocado el gordo en el portátil, no sé qué ha podido pasar.

Algo así me ha pasado a mí buscando mis documentos. Por delante el ordenador estaba perfecto pero en cuanto he mirado bien, ¡vaya desastre!. No os voy a taladrar más la cabeza con mis problemas tecnológicos (que desde siempre son muchos). En vez de hacer eso, voy a intentar escribir de nuevo el capítulo, el cual sé que no va a quedar ni la mitad de bien, lo que hace que se me quiten un poco las ganas de publicarlo…


Iba a ir a comprar un disco duro para copiar todos los datos importantes de la carrera pero creo que ahora también meteré lo del blog. Me voy a convertir en una de esas personas que se pasan el día dando al botón de guardar gracias a algún trauma como el mío de perder absolutamente todos los datos.

Quería hacerle un lavado de cara al blog, pero ahora que tengo que repetir trabajos, más lo que debía estudiar, y por supuesto, redactar de nuevo el capítulo once y otros sueltos sin número que tenía desarrollados. Me da a mí el lavado de cara va a tener que esperar a la segunda quincena de enero, si acaso. ¡Quiero algo mucho más sencillo que el desbarajuste que tengo aquí montado! Este blog lleva así desde que se creó casi. Ya toca cambiar un poco.

He pensado también en retirar las mil imágenes que tengo, al fin y al cabo, para eso están las GALERIAS de Katniss y Peeta o de Finnick y Annie. Al igual que he pensado retirar las encuestas ya que son muchas y ya ocupan demasiado, ¿qué creéis?

De verdad, podríais explicarme cómo hay gente que lleva un blog al día y tiene su vida en orden porque debo ser el desastre personificado.


Ante todo, desearos de nuevo unas felices fiestas y FELIZ NAVIDAD. Que la suerte este siempre de vuestra parte en las comidas y cenas familiares y recordad, ante la lluvia de preguntas navideña: los estudios me van bien, pero es un poco complicado; no he crecido tanto, es que llevamos mucho sin vernos; estudio mucho, yo no tengo tiempo de novios o yo soy más de salir con mis amigas.

Saludos a todos, lectores. Y recordad, podéis seguir el blog desde twitter, facebook y wattpad (NUEVO). 

Podéis mandar vuestras dudas, preguntas, dibujos y trabajos, y todo lo que queráis al correo del blog, que a partir de ahora se responderá a todos los correos los domingos como tarde. Si no has recibido tu respuesta después del domingo, no dudes en mandarlo de nuevo sin problema.

Pronto haremos un millón de visitas. ¿Has pensado alguna forma de que el blog celebre este gran logro? ¡Tu opinión cuenta!

P.D: las imágenes son de enfermera apurada (fuente) , no pude resistirme.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Adelanto capítulo 11


Creo que os merecéis algo de este blog, un poquito de atención, unos capítulos, unas respuestas a los maravillosos comentarios de los lectores.

El tiempo apura y por eso hago esta mini entrada para dejaros un pequeño adelanto del capítulo  11 ahora que ya tengo portátil. Estad atentos y esperad la publicación muy pronto, está casi acabado.

Si tenéis alguna idea de cómo puedo administrar mi tiempo para el blog, facilidades, consejos, ayudas, o cualquier cosa que se os ocurra, no dudéis en decírmelo. Si tenéis ideas de portadas (que queréis mandar), así como del diseño del blog o del PDF o cualquier tipo de aportación, no dudéis en mandármelo al Gmail. Los correos siempre son más fáciles de responder porque tengo el móvil conectado al Gmail, ante esto contestar a una pregunta común a 7 lectores, ¿entrevistas para vuestras webs?, estoy encantada, he realizado varias, pero tened  en cuenta que desde que mandáis las preguntas hasta que respondo a veces pasa tiempo. Y por supuesto, otra duda megacomún, publicaciones. Intentaré aprovechar el periodo de navidad para arreglar esto último.


Un saludo a todos y recordad, podéis seguir día a día (a partir de ya y sin abandonos, o es lo que intento siempre…) el blog en twitter, facebook y un nuevo inquilino… WATTPAD.

viernes, 3 de julio de 2015

Capitulo 10


¡Hoy os traigo el capítulo 10!

Lo prometido es deuda, he publicado pronto como os dije. ¡Esto si que es nuevo! Tan solo una semana de espera... 

Os sigo invitando a participar enviando vuestra portada para el PDF de LJDH continúan, y como siempre, daros las gracias por vuestros 'likes' en facebook, los seguidores de twitter, y los votos en wattpad. Y recordad que os encontraré si tuiteais con #LJDHcontinuan y otras muchas. ¡Ayúdanos a dar a conocer el blog! Toda ayuda es bienvenida.

Espero que disfrutéis mucho del capitulo e intentaré dejar programadas más entradas para que la espera no sea tanta, aunque si que tendréis que esperar un poco más, por ello, he hecho más largo este capítulo. ¡Os leo en los comentarios, correos y redes sociales con mucha ilusión!





.



***

Salió de allí confundido, cabreado. Se fue corriendo y Haymitch detrás de él, con paso firme pero dejando un espacio.

Estaba contento, Amy estaba viva, no la había perdido. Pero millones de cosas le atormentaban, como Gale, como Colin, como los recuerdos de la Arena. Corre, como hubiese corrido en la Arena. Solo y sin rumbo, sin parar, notando cómo la adrenalina aparece y el oxígeno se va. Cuando cree encontrarse demasiado lejos se da un respiro. Sus piernas frenan en seco, aún adormecidas por la carrera. Apoya su brazo en una pared y va descendiendo lentamente, dejándose caer, hasta que su mano se apoya en el suelo. Se sienta en un pasillo, uno cualquiera, puesto que aún no se orienta, no los reconoce, no sabe dónde está. Llora, llora porque hacía mucho que no lloraba. Llora porque sus sentimientos ya no tienen por donde escapar, llora porque lo necesita, llora porque quiere hacerlo. Amy estaba viva, y no dejaba de repetírselo. Mira al techo y se ríe, carcajadas pequeñas, llenas de histeria, emoción y entre otros sentimientos, incluso duda. Una mezcla de sentimientos que lo confunden, que lo atormentan. Le obligan a reír y a llorar. Siente que ha llegado a un punto, al punto de no retorno. Y ahí está, sin saber nada, ni qué hacer ni qué decir ni qué ha ocurrido ni qué va a pasar.

Recuerda a su madre, diciéndole que respirase pausadamente. Se imagina relajado, cuando le enseñaba a nadar. Cierra los ojos y se sumerge en ese recuerdo. Nota el agua rozando sus pequeñas piernas, sus ligeros brazos. Los movimientos suaves de agua que le empujan y le traían consigo. Las manos firmes de su madre agarrándole, cómo si no fuese a soltarle nunca. Su sonrisa, que le aportaba seguridad y tranquilidad, y que aún lo hace. Recuerda, como tiraba de él obligándole a mover las piernas, cómo el agua refrescaba su cuerpo y lo acariciaba al pasar por ella, cómo chapoteaban sus piernas en la misma. Con la alegría e inocencia de un niño. Y su madre diciendo que respirase, con pausa, tranquilo, profundamente. Y ahora lo hace, en su recuerdo y en la realidad, hasta que abre los ojos, más tranquilo, más centrado. Se seca las lágrimas y se queda observando el techo.

Cuando está relajado se levanta paulatinamente, con tranquilidad, y se dirige a buscar a Haymitch, porque ante todo, necesita explicaciones. Necesita respuestas que le saquen de sus dudas. Necesita ser el que tome de nuevo el control de su vida y no sus emociones. Necesita volver a centrarse y plantear de nuevo la situación. Tiene que hacer algo que sirva, tiene que actuar, porque Gale sigue fuera, y hay que encontrarlo. Se ha roto, y ahora tiene que nacer de nuevo, porque no hay tiempo para descansos, porque es la hora de empezar a ser ellos quienes lleven el control de la situación. Esta vez, juegan en el mismo terreno, y esta vez, toca ganar.

Recorre los pasillos largos, grises, silenciosos. Nadie se encontraba en ellos, la mayoría de las puertas estaban cerradas. Gritaba el único nombre que sabía pero nadie aparecía. Mientras andaba, una puerta se abrió a su izquierda, entro tranquilo, observando la sala. Unos sillones de terciopelo, sofás como los del Capitolio, una enorme pantalla en el centro, cantidad de mesas con sillas, como si de una sala de reunión se tratase. Pero no, después se fija al fondo, hay una larga mesa de madera brillante, oscura, encima de ella infinidad de comidas de diferentes tipos. Una sonrisa se le escapa sin querer, hacía tanto que no veía platos como aquellos que ni siquiera se cree que sea real. Parecen lejanos y a la vez puede olerlos. Pero otra cosa llama su atención, la pantalla está encendida. Camina con lentitud hacia el sofá y se sienta, sintiendo la confortabilidad del mismo, algo que no sentía desde hacía bastante. Semanas que se habían convertido en años para él. Ante sus ojos, repeticiones de la Arena, de los juegos, de sus juegos. En la pantalla se encuentran dos chicos, una pareja por lo que parece, tal vez fuesen del mismo distrito, o simplemente aliados en la lucha contra los demás. Nunca había estado en esa parte de la Arena, pero reconoce la espesura de la selva, es capaz de notar cada rayo de sol como si fuese el primer día que se sitúo allí, recuerda el frondoso bosque, los sonidos a los que se acostumbró. Flashback de la Arena vienen a su cabeza, haciendo costoso el trabajo de diferenciar lo real de los recuerdos. Siente cada minuto allí dentro. Mira a su izquierda, el terciopelo rojo le recuerda a un charco de sangre y vuelve la vista hacia atrás sumergido en otro recuerdo del que intenta escapar. Se apoya y sujeta con una mano su cabeza, intentando volver a lo real. Mueve la cabeza hacia los lados con la intención de centrarse. Sabe que no es real. Sabe que no está allí. Se lo repite, una y otra vez, hasta que vuelve.

Mira de nuevo la pantalla. Nunca había estado en esa parte, es cierto, pero era como si llevase viviendo allí toda la vida. Podía reconocer cada árbol, estaban entre el bosque y la playa, cerca de la orilla y a la vez lejos. Pero no sabía quiénes eran ellos, no se los había cruzado antes.
La imagen cambia, repetidamente. No sabe cuánto tiempo pasa en esa sala, consumido por los juegos. El tiempo va pasando, al igual que las historias. Son anécdotas individuales, sufrimientos individuales, sentimientos individuales. Cada uno ha vivido una historia completamente diferente, pero todos ellos comparten el mismo drama, la misma trama.

Observa otra chica, algo perdida. Primer día de la Arena quizás. Ve su juego, como evoluciona, como asume dónde está y cómo teme por lo que deberá hacer. Observa cómo sus movimientos pasan de ser torpes a ser decididos, deja de pasar hambre, deja de pasar sed, y como todos, comienza a sobrevivir. Lenta, pues ha tardado más en adaptarse que otros que ha visto, pero lista, porque aún no ha perdido la cabeza. Piensa cada una de sus acciones, no se fuerza, simplemente está a la espera, de que algo ocurra o alguien la salve. Se nota por el brillo de esperanza de sus ojos, que poco a poco, va perdiendo. Lo pierde a medida que ve en el cielo las caras de las personas que antes competían con ella y que ahora están muertos. Quizás se pregunta si ella será la próxima. Pero Finnick nunca lo sabrá, porque la pantalla cambia de nuevo. La chica era como él, perdido y buscándose, encontrando algo en que apoyarse. Se pregunta si salió de la Arena, no recuerda su cara en el cielo, aunque se perdió muchas noches de cañonazos. Valiente, calificó a la joven. Valiente por atreverse a sobrevivir en aquel infierno, en vez de esperar a la muerte. Valiente por soñar con volver a casa, aun conociendo que las posibilidades eran remotas. Valiente por no rendirse a un mundo injusto, por confiar en que todo puede cambiar, por luchar por lo que quería. Valiente por atreverse a vivir, a pesar de todo.

Sigue viendo historias. Pero la que más le interesa es una en la que aparece Colin. Cada momento en la Arena, cada día que conoce de cómo vivió, cada encuentro con los tributos. Poco a poco le tiene mayor desprecio, mayor odio, y la rabia crece. No se detiene hasta el último momento de su historia, en el que comienza a ver algo de humanidad en él. Pero cómo enfrentar, todo lo que sus ojos habían tenido que observar, todas las muertes, todas las conversaciones, toda la crueldad nacida en el joven. Cómo enfrentar todo lo que sentía hacia el chico, cada momento que le había provocado un poco más de odio, cada acción que había provocado sufrimiento a otros. Cómo enfrentar todos sus actos, toda su hipocresía, toda su crueldad, todo el interés, todo ello, a lo que finalmente hizo. Cómo enfrentar tantos actos perjudiciales hacia todos, con unos pocos buenos. ¿Es cierto eso de que la gente cambia? Quizás deba darle una oportunidad, o quizás simplemente está puliendo su imagen ahora que tiene que volver a Panem. Puede que solo sea interés, y que siga siendo la misma víbora que él conoció. No podía saberlo.

Nota que alguien le observa, mira atrás, ve una sombra. Una sombra de un hombre, bastante fuerte, grande, y mira hacia arriba, esperando encontrar a alguien de su agrado. Sonríe al verle, situado a la derecha del sofá, mirándole con melancolía. Una mirada cercana, que atraviesa sus ojos con sinceridad. Alegría y tristeza al mismo tiempo. Pero sobre todo, esperanza.
No hace ninguna de las preguntas que tenía planteadas, que tanto había pensado, que tanto había maquinado. Mira de nuevo la pantalla, y siente como el peso de la otra persona se posa también en el sofá, sentándose a su lado silenciosamente. Observándole de cerca, disfrutando de su compañía.

-¿Quiénes son?

La persona con la que habla se acerca, con paso lento. Antes de contestar a su pregunta le mira seriamente, y después observa la pantalla junto a él.

-¿Qué haces viendo los juegos Finnick? No creo que sea lo mejor, no para ti.
                                                                  
En silencio busca en su cabeza la respuesta a dicha pregunta. ¿Por qué, después de todo lo que había pasado, estaba reviviendo esos juegos? Y con sinceridad encuentra la respuesta, tan simple como verdadera. Tan real que puede sentir el dolor de nuevo, la melancolía, el rencor, todos esos sentimientos que hasta ahora, desde que había subido al aerodeslizador,  estaban siendo apartados.

-Quería vernos, a Amy y a mí de nuevo y…
-¿Y qué más Finnick?
-Quería ver muchas cosas-su voz es cortante- quería comprobar que lo de Colin era cierto.
-¿Y bien?
-Él –su voz suena culpable, mira de nuevo la pantalla. En ella ve a dos jóvenes besándose aunque no recuerda sus nombres se queda observándolos pensando que podría estar así con Amy ahora, si no fuese por lo de Gale. Aclara su garganta y termina esa frase que tanto ha intentado evitar- no mentía.
-Ya lo sabíamos Finnick, solo tú te negabas a creerlo.
-Haymitch, eso ya lo sé. Pero no puedo confiar en él después de todo lo que he vivido, y tienes que entenderlo. Tengo demasiadas dudas hacia él. Hacia todo. Muchas preguntas sin respuesta. Mi cabeza ahora mismo se parece a una bomba imposible de parar, no sé cuando voy a estallar. Tengo demasiado en lo que pensar. Y Amy… ¿Cómo le diremos que su hermano no está?
-Eso es algo que ni siquiera yo sé. Ese pequeño significa mucho para ella Finnick, pero también para mí, para Gale, y para sus padres sobre todo. Como mentor de sus padres, como el hombre que jugaba con ese crio antes de que esto ocurriese, como parte de su familia, te prometo que le traeremos de vuelta. No necesitarás decirle nada a Amy, no voy a descansar hasta que vuelva a casa. Tu solo, cuídala ¿vale? Para mi ella es muy importante, como lo fue su madre y no estoy dispuesto a perder a ninguna de las dos.
-Lo haré, pase lo que pase no voy a dejarla.
-Lo sé, no creo que quieras vértelas con un viejo vencedor de los juegos borracho –al acabar la frase comienza a reír y se pone de pie. Mira la pantalla y luego a Finnick- son Alexia y Chad, del distrito uno. ¿Creías que eras el único apuesto en la Arena? Chad no perdió tampoco el tiempo.
-Haymitch- bromea con la mirada para olvidarse de todo lo que está ocurriendo - todo Panem sabe que soy el único apuesto en la pantalla. El Capitolio me llevo a mí porque necesitaban un chico guapo que volviese a todos locos, ya sabes, espectáculo.
-Está bien Finnick, tienes a todo Panem loco -hace una pausa y se empieza a reír a carcajadas de nuevo, a esas carcajadas se le une Finnick. Ambos ríen después de tanto tiempo y la sensación es reconfortante, Finnick se siente de nuevo libre, pero sin más Haymitch para y su expresión se vuelve triste y melancólica- me recuerdas a tu padre chico. Él estaría muy orgulloso de ti.

sábado, 27 de junio de 2015

Capítulo 9


¡Hoy os traigo el capítulo 9!

Si estáis leyendo esto, es porque no habéis abandonado el blog, que es poco probable. Tengo que decir que soy un desastre. Pero bueno, os traigo un pequeño capitulo, ya he respondido a la entrevista de gmail de una de las seguidores y al resto de correos, por fin. Como siempre, una ilusión increíble lo que recibo. 

El otro blog lo cerré por un error, pero si os interesa lo abriré nuevamente cuando me digáis. Se que a muchos no os dio tiempo a leer la noticia del PDF y su publicación. PDF que por cierto necesita una portada, que diseñaré yo misma si no lo hacen los seguidores. Hubo un error en facebook por el que todo el que se apuntó no me envió un correo (facebook) así que estáis a tiempo de hacerlo vosotros mismos. Podéis entonces mandarme vuestros correos de participación en el concurso para ser los diseñadores de la portada del libro. Si queréis mandarme ya la portada directamente (a ordenador o a mano) también podéis. Portada que será publicada en el PDF, en wattpad y en todas las redes sociales. Por supuesto, también en el blog.

Disfrutad pues, del pequeño capítulo. Voy a ponerme las pilas para tener ya listo el siguiente para la semana que viene. Ventajas de las vacaciones supongo. ¿Se acerca el final? ¿Crees que aún les queda mucho por pasar? ¡Comparte tu opinión en un comentario! Es fantástico leeros a todos.

P.D: el capitulo 10 está ya programado para dentro de 5-7 días, no os perdáis su publicación. A partir del 11, las cosas empiezan a estar menos tranquilas, o esa es mi intención.





.



***

No sabe cuando tiempo está de pie observando a la joven. No reacciona hasta que nota una presión sobre su hombro, siendo esta, la mano de Haymitch. Se apoya en el chico suavemente y aprieta su hombre con un sutil movimiento de convicción, de ayuda, de realidad. Sabe que se ha quedado impactado, que no ha sabido actuar ante la noticia, que es incapaz de mover una sola parte de su cuerpo, lo sabe y sigue sin hacerlo. No se fuerza, solo observa detenidamente la escena. Cada detalle del cuerpo de Amy, cada herida que estaba y no está, cada herida que sigue y no se va.

Percibe un movimiento detrás de él. Ve en el reflejo de uno de los armarios metálicos de la sala, la cara de Colin observando a Amy. Está de pie, detrás de Haymitch, con los brazos cruzados y una postura que incita temor y seguridad. Tiene la poca vergüenza de permanecer allí con ella después de todo. Que ese chico se encuentre en la misma sala que él le pone los pelos de punta, hace que quiera lanzarse a su cuello y disfrutar de cada segundo de su mísera muerte. Pero por alguna razón Haymitch lo protege, y no puede hacer nada para vengarse de aquello que le hizo a Amy, de aquello por lo que ahora se encuentra así. Sigue con su mirada el fiel reflejo en el armario, y cada uno de sus movimientos, controlados bajo esos ojos que desprenden odio y en mayor cantidad, ira. Sus músculos se tensan, las venas se marcan en los brazos al apretar los puños para intentar controlarse. Finalmente se gira, intentando controlar cada uno de sus impulsos, para verle de frente. Y al hacerlo, al girarse, piensa en no tirarse encima de él, tan solo intenta calmarse, respirando profundamente.

-¿Qué hace el aquí? –el dedo de Finnick va directo hacia Colin, la furia se consume en sus palabras y la rabia sale de él.
-Finnick, Colin no tiene la culpa de nada –reconozco la voz de Haymitch- no podíamos dejarlo en la Arena.
-Él fue quien le hizo esto a Amy, lo único que merece es morir

Aparecen una docena de agentes en la sala. Son rápidos y entre dos, consiguen sujetarle. Colin se posiciona detrás de tres de ellos. Haymitch intenta razonar con él inútilmente, hasta el punto en el que otros dos agentes tienen que sujetarlo para que no se lance contra Colin. Por primera vez la persona sensata, tranquila y responsable que definía a Finnick se había ido, dejando paso a un Finnick consumido por el dolor, la ira, la rabia, el odio… Posiblemente los peores sentimientos acumulados en el corazón del hombre, acumulados en él. Consumiéndole lentamente, en su caída. Solo el pensamiento de su muerte le deja más tranquilo. Quiere hacerle daño, quiere que sienta su dolor, quiere compartirlo, y que no cese, hasta que algo pueda aliviarlo por completo, hasta que Amy despierte.

Finnick grita e intenta soltarse pero es incapaz de hacerlo, y lo sé, porque estoy presente. Lo sé porque le conozco, porque sé que está sintiendo ahora. Lo sé porque le he amado, y cuando amas a alguien empieza a formar parte de tu persona. Puedo sentir su odio, puedo sentir su rabia, puedo notar su dolor, que en parte es el mío. Cada sentimiento de los suyos lo conozco, soy capaz de notar en su voz lo que nadie aprecia. En su mirada lo que a los ojos de los demás se escapa. Respiro con dificultad, para recuperar el oxígeno que presupongo, me falta. Alguien tiene que pararle, pero nadie sabe cómo, nadie puede. Ahora mismo no se trata de Finnick. Todo lo que ha controlado, todo el odio que nunca ha sentido, todos sus sentimientos férreamente oprimidos por él mismo, para representar calma y serenidad. Todos ellos salen a la luz enfocados hacia una persona. Y eso es peligroso, porque no lo ha soltado nunca, y sin control, lo hará de golpe. Porque le conozco sin conocerle, porque ni yo sabía hasta que punto sé de él. Porque ahora lo sé y puedo afirmarlo, le he amado.

Con dificultad trago saliva intentando recuperar mis fuerzas para hablar. Tragar saliva en mi estado es una sensación, cuanto menos, horrible. Noto como una lija pasando por mi garganta. El esfuerzo es demasiado y no reconforta para nada. Necesito tres veces más oxígeno del que necesitaría en otra ocasión. Puedo notar los pinchazos de presión en mis pulmones que lo reclaman, con el dolor débil y en conjunto, fuerte.

-Finnick-mi voz es débil, tan débil que me cuesta oírme, debo estar muy mal al juzgar por cómo suena. Nada más oírla él se gira. Sale corriendo hacia mi soltándose de todos los agentes que le sujetaban. Sus ojos brillan y su mano acaricia mi cara y agarra mi otra mano con fuerza. Finnick ha vuelto, siento su calor, su mirada ha cambiado, sus músculos están relajados, las lagrimas que intenta no dejar escapar. Intento hablar, pero tan solo puedo decir unas pocas palabras – Colin me salvo la vida.
-¿Qué? Amy, estas delirando…  estas grave, muy grave. Dicen que te recuperarás, va a costar que estés tan ágil como antes pero te aseguro que te recuperarás. Estoy aquí, tranquila. Todo va a salir bien, ya estás a salvo.
-No Finnick, estoy bien –sus rostro muestra confusión, sus ojos están apagados y deja de agarrar mi mano, mi voz ahora es algo más fuerte así que decido explicarle lo que ocurrió en el banquete. Aunque soy consciente de que me falta el aire y no duraré mucho hablando, soy la única persona a la que va a escuchar, debo intentarlo- Finnick, cuando iba a coger la mochila la chica del 13 apareció, yo ni siquiera le vi pero Colin no tardó en tirarse encima de mí. Pensé que me estaba atacando e intente defenderme pero entonces vi la lanza pasar justo encima de nosotros. No me había percatado de que había una lanza si quiera. Le mire extrañada y me dijo que me quedase ahí, fue directo a por la chica del 13 pero mientras luchaban le hirió con el cuchillo. Todo estaba pasando muy rápido pero a la vez lo veía como si ocurriese a cámara lenta. Mis movimientos se volvieron torpes y lentos. Ella vino directa a por mí y –empiezo a toser, me noto más débil, la visión se vuelve algo borrosa y los laterales los veo tenuemente negros. Haymitch corre y e acerca un vaso de agua, con la mano me hace una señal para que me tumbe de nuevo. Demasiados esfuerzos me da a  entender. Siempre preocupado, siempre cuidándome. Decido hacerle caso y me tumbo. Aparecen un par de personas vestidas de blanco que comienzan a tocar botones y cambiar lo que supongo, será mi medicación. Acercan una botella de oxígeno y me ponen la máscara correspondiente, noto como entra a mis pulmones y es una sensación que me reconforta.

-Le clavó el cuchillo en el estomago –la voz de Colin resuena en la sala- no pude hacer nada. Fui hasta donde Amy e intente ayudarla pero había demasiada sangre, estaba cabreado. La del 13 escapaba con dos mochilas, la mía y la suya, pero no era lo único que se llevaba. Se llevo la vida de Amy, pensé que había muerto y fui a por ella. La perseguí hasta que no tuve más fuerzas, perdí mucha sangre pero seguía vivo. Vi como me subían al aerodeslizador y lo último que recuerdo es levantarme enchufado a un montón de máquinas. Como el resto de los rescatados.


Mis ojos se están cerrando, noto que pierdo de nuevo fuerzas y un fuerte dolor en el estomago. Es un pinchazo intenso y doloroso, como revivir el momento en el que el cuchillo atravesó mi piel y después el resto. Cierro los ojos olvidándome de la pelea que hay a mí alrededor, es como si algo tirase de mi, alejándome de la realidad. Decido dejar que lo haga, y me voy poco a poco, pero no sin antes oír un ‘no te creo Colin, tu intentaste matarla’

viernes, 24 de abril de 2015

Capítulo 8



¡Hoy os traigo el capítulo 8!

Si estáis leyendo esto, tal cual lo escribo ahora, es porque la entrada que he preparado (hoy, domingo 19) no ha sido modificada. Eso quiere decir que os encontráis ante un capitulo bastante improvisado, corto y no muy bien redactado... Pero es que no puedo parar de pensar en lo abandonado que tengo esto y en que si estuviese en vuestro lugar, la intriga e impaciencia podría conmigo. 

Por supuesto, de vez en cuando intento publicaros un tweet o un mensaje en facebook, y cuando más tiempo tengo, incluso añado adelantos. Pero no hay justificación para que solo haya 8 capítulos publicados. Espero aún así que disfrutéis al máximo de esta pequeña lectura, y por qué no, os animo a que escribáis comentarios contándole a los demás lectores y a mi, vuestras teorías de lo que va a suceder a continuación. 

Haz click AQUÍ y AQUÍ para leer dos importantes avisos.

Y recordad, después de la tormenta viene la calma, pero... ¿cuánto podemos asegurar que durará esa calma?





.



***
Haymitch entra el primero y Finnick sigue sus pasos. La sala parece como la habitación en la que se despertó horas antes. Era fría, su corazón parecía latir más lentamente, una sala demasiado calculada, práctica, nítida, llena de aparatos de hospital, al fondo centrada una camilla con alguien que no divisa bien y a sus pies está un joven moreno.

Cuando él se despertó no había nadie. No esperaba encontrar a alguien, ni siquiera esperaba despertar. Fue como amanecer de un sueño agotador, desorientado, lo único que le habría importado sería haber visto los ojos de Amy, descubrir que el pequeño Gale estaba bien o encontrarse de nuevo con su madre, de quien ya si quiera recordaba el olor, habría sido un despertar más cálido que el que tuvo. Por supuesto, teniendo en cuenta las situaciones a las que se había enfrentado los últimos días, estar vivo, y mantener la cabeza en su sitio, era recompensa suficiente.

Al principio sigue andando detrás de Haymitch, se para a tocar los objetos que hay en la sala. Como si no llevase prisa, observa con atención cada uno de los aparatos, con una mirada fría y calculadora. La razón era sencilla, no quería mantener su cabeza pensando en quien estaría en la camilla. Era como aquella historia que contaban de ese famoso gato. Su madre le contó tiempo atrás la paradoja del Gato de Schrödinger, aquello que habían propuesto hace cientos de años. Annie le hablaba de un gato dentro de una caja completamente opaca. En su interior se instalaba un mecanismo que unía un detector de electrones a un martillo. Y, justo debajo del martillo, un frasco de cristal con una dosis de veneno letal para el gato. Si el detector captaba un electrón activará el mecanismo, haciendo que el martillo caiga y rompa el frasco. Tras una explicación bastante rigurosa y lógica, la conclusión era una. El gato podría estar vivo o estar muerto, tan solo una de las dos opciones. Pero mientras no abrieses la caja, no lo sabrías. El gato estaría vivo y muerto a la vez, decía su madre, solo descubrirás la respuesta cuando abras la caja y veas al gato.

Finnick no quería abrir esta vez la caja, porque no encontraría un gato, encontraría a Amy. Realmente, no quería saber la verdad, porque ahora Amy estaba viva y muerta, no sabía cuál era la respuesta. Y no estaba seguro de querer descubrirlo.

Así que mantiene su paso lento, confundido, pensando en aquella caja y aquel gato. Pero sin más, se pregunta, quién era el joven que estaba sentado al lado de la camilla. Porque era moreno, y por consiguiente, no era Peeta, ni ningún familiar de Amy, de tal forma que podría no ser ella la que estaba en la camilla. En cuyo caso, estaría muerta. Mas su madre tampoco estaba aquí, lo que quiere decir que posiblemente ni Peeta ni Katniss se hallasen en el aerodeslizador, y simplemente podía ser un médico supervisándola. En cuyo caso, Amy estaría viva. Otra caja, todo eran cajas, todo eran preguntas, y nada eran respuestas. ¿Quién era ese joven? Se peguntaba Finnick tranquilo, dándole vueltas a sus pensamientos, hasta que el joven se gira al escuchar los pasos de ambos y entonces, no tarda en reconocerlo.

Furioso se pregunta por qué Haymitch le ha traído hasta ahí. El enfado recorre sus venas y a ira le sigue, como la última vez que le vio en la Arena. Mantiene sus puños fuertemente cerrados, cada vez apretándolos con más fuerza. Su mirada radical tiene otro brillo, y el odio se deja ver a través de la misma. Siente las punzadas que sus propias uñas provocan al clavarse en sus manos, pero no le importa. Las ganas de matarle no eran precisamente escasas, la Arena realmente le había cambiado, aunque por suerte no estaban allí, ni tenía un cuchillo con el que lanzarse a su cuello.  Antes de que pueda hacer nada Haymitch le para en seco, estirando el brazo, lo que provoca que el chico se dé un fuerte golpe en el pecho. Le mira, rogando que le deje, pero Haymitch no mueve el brazo. Colin se gira, y se aparta de la camilla, asintiendo a Haymitch al pasar, con mirada de gratitud, y se aparta de la vista de ambos. Los ojos de Finnick van directamente a la persona que se encuentra tumbada. Sus puños se sueltan, y la contención de aire de sus pulmones sale, relajando todos los músculos de su cuerpo. Su mirada no tiene odio, sino compasión. Brilla con un tono distinto al de antes, con algo de esperanza. Conmovido por la imagen que se encuentra ante su persona, deja que un suspiro salga de él. Aparta el brazo Haymitch, sabiendo que ya nada puede sacarle de ahí.

Tumbada, reposando en la camilla, se encuentra una joven. Está completamente pálida, llena de vías. Apenas tiene moratones o heridas, exceptuando algunas cicatrices que permanecen en su piel. Aún así está cambiada, su piel está completamente limpia. Claro que está delgada, pero no más de lo que estaba en la Arena. Se le nota a la perfección la clavicula, y sus brazos son tan finos como los recordaba. Tan delicada como siempre, pero su aspecto era distinto, y no precisamente era algo bueno. A pesar de estar limpia, sin heridas ni moratones, se apreciaba a simple vista que no estaba bien, se le veía enferma.

-La herida es complicada de tratar- aclara Haymitch, y su voz le saca de esa mirada fijada, haciendo que se gire preocupado- como ves pudimos sacarla a tiempo, pero está resultando más difícil de lo que pensábamos recuperarla, está estable, por supuesto. Intentamos mantenerla dormida, las vías la alimentan a la vez que pasan sus medicamentos. Tenemos esperanzas Finnick, seguramente se recupere por completo.


Alivio es la palabra exacta que el chico estaba buscando, lo que estaba sintiendo. Ahí estaba, tumbada, la chica a la que había amado, la chica a la que amaba. Y sabía que era amor, porque no había vivido nada más doloroso que perderla, ni nada tan reconfortante como recuperarla. Cuando ya no tenía esperanzas en frente se encuentra, y quiere acercarse. Quiere abrazarla, besarla, sentarse con ella y agarrarle la mano mientras le susurra que va a estar bien, que esta vez sí que estaba todo bien. Pero algo se lo impide, y no sabe el qué. Ya ha abierto la caja, ya sabe la verdad, y Amy está ahí, está viva. Permanece a tres escasos metros de ella, inmóvil, quizás sea la rabia que tiene acumulada hacia Colin, que se encuentra en la misma sala, y a quien prefiere no mirar. O puede ser que la culpabilidad respecto a lo ocurrido con Gale influya en la situación. Sea lo que fuere, la tiene en frente suya, pero su cuerpo está completamente paralizado. Y una vez más, se encuentra perdido.